Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más.

Archivar para el mes “abril, 2019”

El temor

El Temor

El temor se aleja cuando el guerrero empuña su espada, pero hay temores que viven dentro de él. Todo guerrero lleva dentro el temor a estar solo, el temor al fracaso, a la opinión de los demás, al dolor. A veces teme escuchar la verdad pensando que no la soportará. Teme a la muerte, al odio de la gente, al ridículo; teme al paso del tiempo, a verse viejos de pronto en el espejo, teme al pasado aunque reconoce en él la razón de su hoy.

Pero el guerrero hoy habló con su interior y sus temores se disiparon. Los ojos del alma vieron claramente y ahora ya no teme.

El guerrero ahora ya no teme a la soledad, porque se ama más así mismo, y sabe que en realidad nunca se esta completamente solo en el mundo, no existe lugar donde el hombre pueda estar solo.

Ahora no teme al fracaso, porque entiende que únicamente se fracasa si no se intentan las cosas. No teme a lo que opinaran de él los demás, porque sabe que de todos modos la gente siempre hablara, aun cuando haga las cosas bien.

Ya no teme al rechazo porque siempre se tendrá a sí mismo.

El dolor ya no lo aterra porque sabe que es necesario para crecer,como también sabe que no hay dolor que sea eterno.

Ya no teme escuchar la verdad, porque entiende que es mil veces mejor escuchar una verdad que duela, que la fealdad de las mentiras.

No, ya no tiene miedo a la muerte. Ahora puede mirarla a los ojos, sabe que no es el final, sino el comienzo de otro camino.

Ya no teme al odio de la gente, porque entiende que es no es otra cosa más que ignorancia de un alma amargada y sin luz.

No teme al ridículo, porque ha aprendido a reírse de sí mismo.

Ya no teme al paso del tiempo, ni a verse viejo en el espejo, porque ha entendido que así se gana la sabiduría.

No teme lo pasado, ni a los recuerdos duros, porque no pueden herirlo más.

“Comprendí la verdad de mis temores. Ahora sé que nunca se esta a oscuras como en esta noche, que aunque no lo veamos, siempre hay luz en las estrellas”.

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Un cuento oscuro

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Había una vez un niño y una madre que vivían felizmente en un gran castillo. Los muros eran altos, las torres acariciaban las nubes y, aun cuando llovía, parecía que lucía el sol. El castillo tenía innumerables habitaciones, todas ellas espléndidas, repletas de magníficos objetos. Todas las mañanas, el pequeño se adentraba por los laberínticos pasillos y exploraba las habitaciones infinitas, acompañando a los visitantes llegados de los rincones más ignotos del mundo. Todas las mañanas descubría increíbles tesoros, objetos extraños de orígenes desconocidos, y todas las tardes le relataba a su madre todo lo que había visto y con las extrañas gentes con las que había halado. En ocasiones, el niño acompañaba a su madre para aprender el difícil oficio del comercio y la observaba ensimismado, embobado por su voz, su delicadeza y su sonrisa. Al atardecer se asomaba a uno de los adarves que daban al sur para ver desfilar la hilera sin fin de comerciantes y visitantes que abandonaban el castillo. Leer más…

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