Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Archivar para el mes “octubre, 2012”

Cambiar la sociedad II

El segundo paso para cambiar una sociedad es ser consciente y consecuente con tus actos.

J. de Groot

Anuncios

Cambiar la sociedad

El primer paso para cambiar una sociedad es cambiar uno mismo.

J. de Groot

Leer más…

Adagio de diamantes

En una amplia habitación en penumbra, un llanto contenido atravesaba el silencio. El resplandor de las farolas de gas de la calle entraba con desgana por los dos ventanales cerrados y cubiertos por una fina cortina italiana, que alumbraban una mesa victoriana apoyada en la pared contraria. La doble puerta se abrió de repente, con un tirón, y una cascada de luz bañó en la habitación.

Con los brazos en jarra observó a su alumna hecha un ovillo y resguardada en una esquina. Irina arrugó los labios en una clara mueca de disgusto.
—Marina Semiónova, ¡ven aquí ahora mismo!
Leer más…

Saber e ignorar

Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro.

René Descartes

… y la niña

(Continuación de Él, ella y el frutero)

Cuando sea mayor quiero tener el pelo rojo como tú. Y rizado. No, los papás no están discutiendo otra vez ni se gritan, solo están hablando fuerte.¿Por qué hablan fuerte los papás siempre que se ven? Me gusta tu ropa, con flores. A lo mejor es que como se ven pocas veces luego tienen que hablar muchas cosas. Yo creo que sería mejor que se viesen más para no tener que gritar siempre. Podrían verse más, hablar bien y casarse otra vez, y así vivir todos juntos, como cuando era pequeña, que se querían mucho y por eso nací yo. Qué ojos más bonitos tienes; cuando sea mayor me los cambiaré de color para tenerlos igual que tu.  Y así no tener que ir de casa en casa. Sube al coche, baja del coche. Sube al coche, baja del coche.¿Y por qué no se cambian ellos y me quedo yo? Leer más…

Palabras y hechos

Las palabras que no van seguidas de los hechos no valen para nada.

Demóstenes

Él, ella y el frutero

—El jueves iba andando por la calle cuando me encontré con mi ex, de casualidad. Me gustaría que hubiese ido con la niña para que viese que tipo de persona es su madre. Me montó una escena en mitad de la calle que parecía la Belén Esteban. Entre sus maneras, sus gritos y su forma de vestir, parecía una puta. ¿Cuándo se volvió así? La gente que pasaba por allí daba un rodeo para no pasar cerca de ella. Fue vergonzoso. Me vino otra vez con la pensión, que tiene muchos gasto, que quiere más dinero y que si no me denuncia. Estoy muy harto. La niña tiene lo que necesita, no le falta de nada. Es a ella a la que le falta y me lo quiere sacar a mí. Leer más…

La suerte está echada

¿Durante cuánto tiempo se puede tentar a la suerte? Por favor, no me llaméis paranoico. Cuando la vida te manda señales, hay que saber interpretarlas.

A los ocho años tuve mi primer contacto. Por aquel entonces yo era muy pequeño y corrí a decírselo a mis padres de la misma manera y con el mismo tono como si un circo ambulante hubiese hecho un espectáculo en la calle de forma improvisada. Un obrero que trabajaba en la construcción del edificio de enfrente de nuestro improvisado campo de fútbol se había caído del andamio en el que estaba trabajando y había caído veinte metros. El hombre murió, ya que se escuchó el crujido de los huesos desde el campo. Solo los más atrevidos fuimos a verlo, como cuando Nachete encontraba una rata muerta, en una clara falta de respeto a la muerte. Allí, el hombre, nos miraba con sus ojos abiertos sin pestañear. Enseguida nos echaron de allí, pero Juanín no volvió a ser el mismo. Murió en el ’95 de una sobredosis, con solo dieciséis años. Tal vez no tuviese nada que ver, pero a día de hoy creo que sí. La muerte lo miró y su destino cambió. Leer más…

Navegador de artículos