Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

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La vida de Ku

Esta es la historia de Ku, un pastor pacífico pero de paciencia limitada, que pasaba sus días cuidando de su preciado rebaño de ovejas. A pesar de parecer más un bloque de granito que un hombre dedicado al pastoreo, Ku era uno de los más diligentes y vocacionales pastores de todo el este de las Montañas del Carnero, y conocía a todas y cada una de sus ovejas. Ninguna tenía nombre, pero todas poseían identidad.
Ku era conocido en el pueblo de Atomarviento y los alrededores por ser el ganador de todos y cada uno de los concursos de lanzamientos de rocas, partición de piedras con la cabeza y derribado de árboles ancestrales que se sucedían verano tras verano por toda la zona. Y es que su apariencia engañaba. No era especialmente alto ni poseía la musculatura de Fragis el Héroe, pero era recio como un tronco de Palo-hierro. Cara ancha, nariz grande y gruesos labios. Tenía unas cejas negras y espesas, que habían crecido acercándose la una a la otra hasta formar una sola unidad. Durante su juventud gozó de una abundante mata de pelo negro ingobernable, pero a sus treinta y pocos años, gran parte de ese pelo se había ido retirando a otras zonas de su cuerpo. Leer más…

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La Piedra de la Vida (II)

Continuación de “La Piedra de la Vida (I)

Todos cayeron al suelo. El mareo era considerable y Findor y Rohman apunto estuvieron de vaciar el contenido de sus estómagos.
Lo primero que percibieron sus sentidos fue el aroma dulzón de las flores. Aquella agradable fragancia que nunca antes habían sentido ayudó a que se relajaran sus estómagos y desapareciese el mareo. A su alrededor había una serie de plantas en maceteros, y una tenue luz proveniente de las paredes iluminaba lo suficiente la sala para poder verse.
—Ya hemos llegado. Espero que el viaje de vuelta sea más agradable —dijo Saúd.
—Eso si volvemos —le contestó Ragas—. Tengo un mal presentimiento.
—Todos lo tenemos, amigo —le dijo Findor poniéndole una mano en el hombro y mirando por el alrededor—. Estamos en la misma sala, ¿verdad? Leer más…

La Piedra de la Vida (I)

«El mundo se seca. El mundo se muere. Nada se puede hacer ya.
Los desiertos avanzan y cada vez hay menos agua.
Pronto todo acabará, ya sea por la sequía o por los Reyes Hechicero.»
El Druida Errante.

Dark Sun

El grupo de cinco entró en la cueva y agradecieron el brusco descenso de la temperatura. Tras un viaje a más de cincuenta grados aquello era lo más parecido a remojar sus cuerpos en agua fresca.
—¡Eh, fijaos! Mirad cómo se me ha puesto la piel —les dijo Saúd el pícaro con una sonrisa que mostraba sus afilados dientes. Su salvaje cabellera pelirroja y la pintura granate bajo los ojos le daban un aspecto temible.
—Sí, es como comer menta —comentó más para sí Elevinol que para los demás.
—¿Y eso qué es? —preguntó Findor, que se había quitado su coraza de quitina y descargado de su sable y escudo.
—Una hierba, pero no importa.
Aprovecharon aquel momento para tomar alguna ración seca y beber unos tragos del agua caliente de sus odres.
—¿Cuánto creéis que tardará el agua en refrescarse? —preguntó Saúd, curioso como todos los halflings, mientras se llevaba a la boca el hueso de un animal y observaba su desgastado y polvoriento pellejo.
Ninguno de ellos contestó; no podían saberlo.
—No se cómo puedes comerte eso, halfling —Ragas el enano había dejado de beber y miraba con asco aquel hueso—. Esa criatura casi nos devora.
Saúd lo miró con una sonrisa.
—Fíjate cómo son las cosas: sales a cazar para llevarte algo a la boca y resulta que eres tú quien acaba devorado. ¿Cuántas veces se habrá repetido esta historia? Leer más…

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