Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Archivar en la categoría “Cuentos”

El caballero y el dragón

Este es un cuento ilustrado que he encontrado en Internet donde no se especificaba el autor. Os lo dejo aquí. Es una vieja historia que se repite una y otra vez, pero bonita al fin y al cabo.

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La gallinita fea

Había una vez una señora gallina que puso muchos huevos…

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Reto Cuento Infantil Alternativo

Este es el relato que presenté en un reto de un foro Retos y Concursos Literarios. Las reglas básicas eran:

– Cuento nuevo: un cuento completamente nuevo, siguiendo las características de los tradicionales.
– Reedición de un cuento existente: dejando las características básicas pero dándole una interpretación o ambientación distintas. Puede ser un cuento de terror, de humor, ambientado en otra época, o incluso un remix de distintos cuentos o para adultos.
– Continuación de un cuento existente: un qué pasó con tal personaje después de que se acabará el cuento.
Se pueden mezclar las tres opciones a vuestro gusto. En el caso de basaros en cuentos ya existentes, se dan por conocidos los mismos, por lo que sería preferible no usar cuentos poco conocidos o exclusivos de una región, aunque no obligatorio.
– Puesto que estamos hablando de cuentos infantiles, considero más apropiado usar un lenguaje sencillo, aunque queda a elección del autor.
– La extensión máxima del cuento es de 2500 palabras  Leer más…

El deber de Melgar

Tras una gran estación de tren de principios del siglo XX hecha de palillos y casi terminada, un anciano colocaba con sumo cuidado cada una de las pequeñas varitas de madera. Cada cierto tiempo, daba unos pasos hacia atrás para tomar perspectiva de toda la obra mientras se mesaba con suavidad su larga barba blanca o se rascaba su calva cabeza. Escrutaba con ojos severos y mirada concentrada las proporciones de cada tramo, en perspectiva o desde distintos focos. Cuando comprobaba que todo estaba bien, volvía a colocar toda una serie de palillos y volvía a alejarse unos pasos. Pocas eran ya las ocasiones en las que rectificaba, tal era su maestría.  Leer más…

El deber de Melgar

Tras una gran estación de tren hecha de palillos y casi terminada, un anciano colocaba con sumo cuidado cada una de las pequeñas varitas de madera. Cada cierto tiempo, daba unos pasos hacia atrás para tomar perspectiva de toda la obra mientras se mecía con suavidad su larga barba blanca o se rascaba su calva cabeza. Cuando comprobaba que todo estaba bien, volvía a colocar toda una serie de palillos y volvía a alejarse unos pasos. Pocas eran las ocasiones en las que rectificaba, tal era ya su maestría. Todos los palillos salían de uno de los bolsillos de su chaleco granate, que aunque desgastado, era el que mejor le sentaba. De hecho, no se lo había cambiado desde la Creación. Un pequeño escalofrío le indicó que el momento se acercaba. Colocó los palillos que tenía todavía en la mano en la mesa que le venía de camino hacia su obligación, depositándolos con delicadeza junto a un taco de madera a medio tallar, una roca gris con una gema roja pulida incrustada y una esfera que flotaba a un palmo de la superficie y que giraba sobre sí misma a gran velocidad. Leer más…

El primer cuento de Sofía

Si, eso me recuerda la primera vez que tu hermana me contó un cuento de cosecha propia. Tenía cinco años, casi seis, y estábamos en plena ola de frío siberiana, un fenómeno que cada vez se ha hecho más frecuente. Me hizo gracia, porque se suponía que era yo quien le iba a contar el cuento. Pero me dijo “Aló, hoy te voy a contar yo un cuento que me he inventado”. Dice así:

 El ratón y el hombre

Esto es un ratón que va por el mar, en barca claro, y se encuentra a un hombre que le dice “déjame subir, déjame subir”, y el ratón le contesta: “no”

Llega a casa, se pone el pijama, y se acuesta a dormir. Y el hombre “déjame subir, déjame subir”, pero como el ratón está dormido, pues no le entiende.

Por la mañana, suena el gallo, y se va otra vez con la barca por el mar y el hombre le dice “déjame subir, déjame subir” y el ratón le dice “no no no, no y no”.

Y se va a casa. Y cuando llega, se pone a tocar el piano “tin, tin tin, tin tin”. Pero suena muy mal, así que abre la tapa y mira dentro y está lleno de polvo. “¿Y ahora que hago?”. “ah, tengo una idea”.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Curioso, ¿verdad?

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