Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Archivar para el mes “marzo, 2012”

No son solo palabras

Leire, creo que eres muy impulsiva. Te dejas llevar por el sentimiento, y creo que es mejor pensar las cosas antes de decirlas. Es importante saber cual es la finalidad de lo que dices, qué quieres transmitir, antes de decirlo. Tiene mucho que ver con la actitud que tienes en ese momento. En una misma situación, si tu actitud es conciliadora, te saldrán unas palabras distintas a si tu actitud es agresiva, o defensiva. Por eso la importancia de la finalidad de lo que quieres transmitir. Hay que dedicarle esfuerzo hasta que lo tengas tan interiorizado que salga solo. Y sí, es muy cansao. Pero te aseguro que es como todo. Al principio de hacer las cosas, cuestan un poco (o un mucho), tienes que estar pendiente y los resultados no se ven a corto plazo. Parece que estés perdiendo el tiempo, que no sirva de nada, y más cuando no estás convencida de que pueda funcionar. Pero sí, practicar las cosas hace que termines asimilándolas y haciéndolas sin ningún esfuerzo. Hace ya muchos años, leí en el libro de “Gramática de la Fantasía” de Gianni Rodari el cuento de “El canto en el estanque”: Leer más…

Cosas de la edad

– Cualquier cosa que ya estaba inventada antes de que nazcas es tomada como normal.
– Cualquier cosa que se invente antes de que cumplas 35 años es increíblemente excitante y creativa y si se da la oportunidad, hasta puedes ganarte la vida con ello.
– Cualquier cosa que se invente después de que cumplas los 35 años está en contra del orden natural de las cosas y dará lugar al final de la civilización tal y como la conocemos. Una vez que eso mismo haya estado en uso por unos 10 años empieza a volverse aceptable.
Douglas Adams

¿Dónde está Rosita?

—Hola cariño, ya estoy en casa.
María dejó las llaves encima del cenicero de la mesita de la entrada, el bolso en la percha, junto con su chaqueta, y se dirigió hasta el salón, extrañada de no recibir contestación a su saludo.
Cuando llegó, vio a su marido sentado en el sofá, con la cabeza entre las manos.
—¿Que pasa? —Preguntó asustada.
—Lo siento mucho… —susurró su marido, en un hilillo de voz, haciendo un gran esfuerzo.
María, instintivamente, miró hacia la cunita que tenían en el salón. La cuna estaba vacía.
—Manolo, ¿qué ha pasado?¿Dónde está Rosita?
María se acercó a su marido, mientras formulaba la pregunta. Manolo, a su vez, mirándola con unos ojos llenos de culpa, se desplazó en el sofá, haciendo un espacio para que ella se sentara.
—Verás, estábamos aquí, en el sofá… la tenía en brazos, la pasé encima de las piernas… me miraba y me sonreía, con esos ojitos tan bonitos, con su carita rosada, sus muslos rollizos, esa barrigota tan gorda, esa piel tan suave, ese olor tan característico… Leer más…

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