Un café con Leire

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La torre de Krivus (III)

(Sin no has leído previamente las primeras partes, puedes encontrarlas aquí: Parte 1 y Parte 2)

Sin poder evitarlo, Iriana y Anton observaron cómo Kal abría el cofre. Ambos aguantaron la respiración, aunque la muchacha no pudo mirar y se aferró con fuerza a su compañero mientras cerraba con fuerza los ojos, esperando lo peor. Pero nada ocurrió.
Al abrir de nuevo los ojos y ver a su hermano allí, arrodillado, delante del baúl, suspiró con alivio.
—Esto no me gusta nada, Iriana. No deberíamos estar aquí. Nunca debimos entrar aquí. Leer más…

La torre de Krivus (II)

(Si no has leído la primera parte, es mejor que empieces por la primera parte).

El canto de los pájaros y el zumbido de los insectos desaparecieron de repente y en su piel notaron la frescura del lugar. Tardaron unos segundos en habituarse a la penumbra del interior de la torre, asustados como estaban por una entrada tan repentina. Pensaban que al haber entrado de sopetón alguien podría asustarse; pero los únicos asustados eran los tres chicos, aunque Kal lo disimulaba mucho mejor. Se paseó por la sala con soltura, ocultando su temor y mudó su rostro a una mueca haciéndole una burla a uno de los cadáveres en un intento de demostrarles que no había nada que temer.
Iriana contemplaba con espanto al guerrero tumbado en el suelo y que era el objeto de la burla de su hermano. Su cuerpo estaba cubierto por una armadura que reproducía las escamas de algún reptil, y que en su desbocada imaginación, la joven lo atribuyó a un dragón. Un escudo redondo y una espada ancha yacían junto a cada una de sus manos. Desde aquella distancia no podía verse mucho más. Leer más…

La torre de Krivus (I)

Torre de Krivus

—¡No huyas, maldito adorador de Máscara!
—¡Ja, ja! ¡No podrás atraparme nunca!
Kal corría a través del bosque esquivando las ramas bajas con agilidad y evitaba las ya conocidas zarzamoras. En ocasiones parecía un lince, en otras un ciervo. Llevaba tantos años corriendo por aquel bosque que parecía que se supiese de memoria dónde dar un salto, dónde acelerar o frenar y cuándo agachar la cabeza. El movimiento de su pelo, liso y en melena corta, era como la estela de un fuego fatuo huyendo a través del pantano. Leer más…

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