Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más.

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El manjar

Lo cierto es que he de utilizar toda mi fuerza de voluntad para no abalanzarme sobre la comida, pero por fortuna todavía conservo mucha de esa fuerza. Eso sí, no puedo evitar pasar la lengua por los labios y chasquear suavemente, anticipándome al banquete que me espera. Todavía está caliente, todo un lujo en los tiempos que corren. Leer más…

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Hambre

Hambre. Es lo que siento, mucha hambre. Como, aunque la comida no me sacia. Sigo comiendo, hasta sentirme pesado, orondo. Pero el hambre vuelve pronto, demasiado pronto. Vuelvo a comer mientras mi cuerpo aumenta de tamaño. El hambre, el ansia, no desaparece. Está ahí. Siempre está ahí. Como y sigo comiendo. Mi mente me dice que tiene hambre, mi cabeza me dice que tengo hambre y mi estómago está lleno.
Como animales muertos, plantas insensibles, semillas de vida, productos de fábrica. Como cosas que no necesito. Nada me satisface. Sigo teniendo hambre, apetito, gana, deseo. Mi insatisfacción aumenta con cada nuevo bocado. ¿Qué maldición es esta, en la que tengo hambre pero nada me sacia? Mi mente me sigue diciendo que tiene hambre y yo sigo comiendo. Leer más…

¿Dónde está Rosita?

—Hola cariño, ya estoy en casa.
María dejó las llaves encima del cenicero de la mesita de la entrada, el bolso en la percha, junto con su chaqueta, y se dirigió hasta el salón, extrañada de no recibir contestación a su saludo.
Cuando llegó, vio a su marido sentado en el sofá, con la cabeza entre las manos.
—¿Que pasa? —Preguntó asustada.
—Lo siento mucho… —susurró su marido, en un hilillo de voz, haciendo un gran esfuerzo.
María, instintivamente, miró hacia la cunita que tenían en el salón. La cuna estaba vacía.
—Manolo, ¿qué ha pasado?¿Dónde está Rosita?
María se acercó a su marido, mientras formulaba la pregunta. Manolo, a su vez, mirándola con unos ojos llenos de culpa, se desplazó en el sofá, haciendo un espacio para que ella se sentara.
—Verás, estábamos aquí, en el sofá… la tenía en brazos, la pasé encima de las piernas… me miraba y me sonreía, con esos ojitos tan bonitos, con su carita rosada, sus muslos rollizos, esa barrigota tan gorda, esa piel tan suave, ese olor tan característico… Leer más…

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