Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Archivar para el mes “septiembre, 2012”

Mi primer Haiku

Hay algo que yo ni siquiera sabía que me gustaba y que descubrí gracias a un juego de ordenador llamado Shogun 2 Total War: los haiku. Según la wikipedia es una forma de poesía tradicional japonesa que consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos, de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y el arrobo que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza. En este juego aparecen durante las cargas de los escenarios algunos poemas fúnebres japoneses que llamaron mi atención. A veces se me ocurre algún haiku inspirado en lo que me rodea, que voy apuntando, y que hoy me atrevo a mostraros en un arrebato de irresponsabilidad. Si tenemos en cuenta mi total sordera para la poesía, espero comprendáis mis limitaciones. Leer más…

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El deber de Melgar

Tras una gran estación de tren hecha de palillos y casi terminada, un anciano colocaba con sumo cuidado cada una de las pequeñas varitas de madera. Cada cierto tiempo, daba unos pasos hacia atrás para tomar perspectiva de toda la obra mientras se mecía con suavidad su larga barba blanca o se rascaba su calva cabeza. Cuando comprobaba que todo estaba bien, volvía a colocar toda una serie de palillos y volvía a alejarse unos pasos. Pocas eran las ocasiones en las que rectificaba, tal era ya su maestría. Todos los palillos salían de uno de los bolsillos de su chaleco granate, que aunque desgastado, era el que mejor le sentaba. De hecho, no se lo había cambiado desde la Creación. Un pequeño escalofrío le indicó que el momento se acercaba. Colocó los palillos que tenía todavía en la mano en la mesa que le venía de camino hacia su obligación, depositándolos con delicadeza junto a un taco de madera a medio tallar, una roca gris con una gema roja pulida incrustada y una esfera que flotaba a un palmo de la superficie y que giraba sobre sí misma a gran velocidad. Leer más…

Micro-relatos “Palabras para comerselas”

Miró el manjar que tenía ante sí mientras salivaba copiosamente. Le había salido realmente bien: ligero olor a mantequilla, redondez casi perfecta, estado óptimo de cocción, contraste de colores. Le dio una vuelta al plato, estudiando la mejor forma de abordarlo. Cuando encontró el mejor ángulo, cogió su cuchillo y tenedor, y se preparó para desarmar la presentación y proceder a la degustación. En ese instante entró su compañero de piso.

– ¿Qué es ese olor? -preguntó sin saludar.

– Mantequilla.

Miró entonces el plato y exclamó:

– ¡Tío! ¿Te has frito un huevo con mantequilla?… Estáis locos los holandeses.

¿Problema matemático?

Hoy, Leire, te voy a proponer un pequeño problema matemático. Tenemos dos tareas diarias para hacer. La tarea A necesita cuatro horas para ser realizada y terminada; la tarea B tres horas. Disponemos de cuatro horas al día para dedicarle a estas tareas. ¿Cómo lo harías?

Tómate un minuto, si lo necesitas, para pensarlo. Leer más…

Récord inesperado II

Bueno, hoy 5 de Septiembre 2012 se ha registrado la lectura número dos mil (2000).

Muchas gracias a todos los que pasáis cada cierto tiempo por este pequeño rincón de relatos y reflexiones y por los comentarios que le dan vida.

Las alas de Hiraki Tayiko

Hiraki Mikato era un hombre sencillo. Vivía en el pequeño pueblo de Sanzo, en la prefectura de Yamaguchi con su hijo pequeño. Pero eso no siempre fue así.

Cuando Mikato cumplió diecisiete años, decidió entrar a trabajar en la oficina postal. Había tenido suerte de que ese año el anciano Tenza se jubilara definitivamente y estuviese la vacante para encargarse de entregar el correo que llegaba, organizar y empaquetar el que salía, comprobar que todos los sellos eran correctos y atender a los vecinos que no sabían cómo mandar una carta. Cuando salía del trabajo, volvía a la casa que sus difuntos padres le habían dejado en herencia o se iba a jugar al go con algunos amigos y tomar algo de sake.

Mikato no tenía muchos amigos, ya que era todavía un joven tímido, pero sí muchos conocidos. Su padre había sido un héroe en la guerra y éso le convirtió en alguien conocido y querido. Cuando salía por las tardes a jugar y beber moderadamente, solía hablar poco, pero al parecer al resto de sus amigos no les importaba. Reía cuando los demás reían y se resguardaba en alguna sombra cuando discutían. Leer más…

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