Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

El secreto del universo

El joven discípulo de un viejo maestro de artes marciales se acercó una tarde hasta él para hacerle una pregunta:

—Maestro, ¿cuál es el secreto del universo?

El maestro sopesó la profundidad de la pregunta y de la respuesta.

—El vacío —respondió finalmente.

—Entiendo. Muchas gracias, maestro.

El joven discípulo se despidió con una inclinación y cuando estaba a unos pasos de distancia, el maestro lo llamó.

—Aguarda un momento. Respóndeme a una pregunta: ¿cuál es el secreto del universo?

El discípulo lo miró con extrañeza y respondió:

—El vacío.

El viejo sacudió la cabeza.

—Pero maestro, es la respuesta que me has dado.

El viejo clavó su acuosa mirada en él y respondió.

—Cuando yo lo he dicho era cierto, pero cuando lo has dicho tú no. —Ante el rostro contrariado del alumno, añadió—: yo lo he experimentado, y tu no.

La gallinita fea

Había una vez una señora gallina que puso muchos huevos…

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Los tres tamices

El joven discípulo de un viejo monje llegó un día a su santurio y le dijo:

—Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…

—¡Espera! —le interrumpió el maestro—. Esto que vas a contarme, ¿lo has pasado previamente por los tres tamices?

—¿Los tres tamices? —preguntó el discípulo contrariado.

—Así es. El primero de ellos es la vedad. ¿Estás seguro de lo que me vas a contar es cierto?

—Bueno… se lo escuché a unos monjes…

—Así pues, entiendo que no. El segundo tamiz es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

—Pues lo cierto es que no. De hecho, es todo lo contrario.

—Comprendo. El tercer tamiz es la necesidad. ¿Es realmente necesario que yo sepa esto que ni sabes si es cierto y que no es bueno para nadie?

El joven negó avergonzado.

—Pues si no es verdad, ni bueno ni necesario, dejémoslo en el olvido —dijo el anciano con una sonrisa.

Felicidad (IV)

Todos buscamos la felicidad. Lo que nos diferencia es el camino que recorremos para alcanzarla.

Esta es mía :D

El poder

El poder no cambia a las personas, solo muestra como verdaderamente son.

José Mújica, expresidendete de Uruguay

Recuerdos

—Los buenos recuerdos son engañosos —dijo Danzô con voz ausente—, son como las piedras sumergidas en el lecho de un río: la corriente va puliendo sus filos y aristas hasta que sólo queda la forma suave y redondeada de aquello que queremos recordar. Pero nada fue tan hermoso como lo atesoramos en nuestra memoria.
A Senjyu le pareció una idea más propia de un filósofo o un poeta que de un hombre que se ganaba la vida en la montaña.
—Es un pensamiento amargo —dijo por fin el samurái.
El Guerrero a la Sombra del Cerezo – David B. Gil

La piedra de valor

 Reflejo_Sombrío

—Buenas noches, Marcos.

—Buenas noches, papá.

Su padre se quedó unos instantes más en el quicio de la puerta dirigiéndole una mirada cansada.

—Y por favor, intenta no llamarme, ¿vale? Necesito descansar.

Marcos lo miró con un rostro que rebosaba culpabilidad y asintió, inseguro.

—¿Puedes bajar del todo la persiana?

Su padre miró hacia la ventana.

—Ya está bajada. —Su tono de voz ya había cambiado, de conciliador a impaciente.

—No, le falta un poco. Por ahí entra la luz y hace sombras que se mueven.
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La perfección del cambio

“Mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo”.

Winston Churchill.

El niño que pudo hacerlo

El otro día mi mujer me mandó un enlace sobre un cuento con un trasfondo muy interesante y en lo que suelo hacer hincapié en muchas conversaciones. He querido añadir la fuente, pero al buscarla, me he encontrado con que está publicado en muchos blogs, así que no sé cuál es la original. Lo comparto con vosotros
elniñoquepudohcaerlo

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Ah, la Madre Naturaleza

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El contexto de nuestro colapso

Antonio Turiel

Tras casi cinco años de hacer divulgación sobre los graves problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad, y particularmente del caso de la crisis energética, a través del blog The Oil Crash, de les múltiples conferencias que doy y alguna entrevista que me han solicitado los medios de comunicación, he observado que hay una pregunta que la gente me hace repetidamente. Muchas veces comento que si no se toman medidas decididas que rompan con el paradigma irracional y suicida de nuestra sociedad de consumo  -única vía para salir de esta crisis económica sin fin-, este impasse histórico de nuestro sistema económico causará una disfuncionalidad creciente de nuestra sociedad y eventualmente nos llevará al colapso. La idea del colapso, y más aún, del colapso social, era un concepto nada habitual en las conversaciones de hace unos años, aunque ahora se está volviendo un tema recurrente, especialmente desde que la NASA (1) o grandes firmas de intermediación financiera (2) publican estudios sobre el tema. Cuando surge esta palabra, colapso, se suelen producir dos tipos de reacción, una minoritaria y otra mayoritaria. La minoría me pregunta qué es un “colapso social”, a pesar de que más o menos todo el mundo tiene una imagen mental de este tipo de evento (no necesariamente todo el mundo tiene, sin embargo, la misma idea de lo que es un colapso).  La mayoría me pregunta una cosa bien diferente: cuándo sobrevendrá este colapso que yo anuncio.

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