Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

¿Qué quedará de mi?

papa-e-hijo-caminando-por-la-playa-tomados-de-la-manoHola Leire. Hoy te voy a hablar de algo que siempre causa incomodidad. Supongo que tarde o temprano te asaltarán preguntas o dudas sobre la muerte. Yo te voy a dar mi punto de vista, que aunque puede parecer desolador, al fin y al cabo es lo que pienso en estos momentos. He de decirte que no siempre pensé así y puede que cambie de opinión, pero creo que es una buena reflexión para que me conozcas un poco mejor.

¿Qué queda de nosotros cuando morimos? Si te fijas, en los cementerios las lápidas existentes apenas contienen restos de personas con más de cien años allí, ya que para hacer sitio se molesta a los difuntos. El llamado «descanso eterno» apenas llega a un siglo. Para el común de los mortales, solo los hijo o padres visitan al muerto, y algunos incluso renuevan las flores. Pero los nietos ya no lo hacen muy a menudo y los biznietos nunca.
Solo las personas famosas tienen mausoleos o tumbas en catedrales o palacios, donde generaciones de sirvientes limpian y adecentan. Pero ni siquiera estos tienen «descanso eterno». ¿Cuántas tumbas conoces de mil o dos mil años? La tierra se ha vuelto demasiado pequeña tanto para los vivos como para los muertos.
Antiguamente los restos mortales de las personas tenían el derecho de existencia garantizado mientras los vivos los recordaran. Guardamos los recuerdos de parientes, amigos, compañeros de trabajo. Pero la memoria no va más allá de tres generaciones, siendo generosos. De la misma manera que nosotros nos desasimos del recuerdo de abuelos u otros seres queridos, habrá también quien nos abandone en la nada más absoluta. Nuestra memoria puede tener una vida más larga que nuestra carne, pero al final seremos olvidados como han sido olvidados los miles de millones de seres humanos en la Historia de la Humanidad. Las corrientes del tiempo acabarán llevándonos no solo hasta el olvido, sino hasta la «no existencia».
Las fotografías y vídeos son un buen medio para mantener el recuerdo de las personas. Se llenaban álbumes enteros, que ahora se han convertido en gigas de espacio en disco, con instantáneas de nuestra vida en un intento de arrebarle al olvido retazos de nuestra existencia. Pero como puede que compruebes, pocas veces se miran las fotos de años pasados, ya que crean una nostalgia difícil de llevar y siempre viene a la cabeza la recurrente y conocida frase de «cómo pasa el tiempo».
Al final, las fotos terminan pudriéndose y los discos duros estropeándose.
¿Qué queda de nosotros entonces?
¿Dios, Ala, reencarnaciones…?
Puede que para mucha gente le sirva de consuelo. Le servirá para llevar mejor esa oscuridad aterradora que es la muerte y el olvido, la «no existencia». Las religiones y sus derivados se crearon para dar explicación a las preguntas cuyas respuestas el hombre desconoce y para crear cierto orden social. Pero eso a mi no me sirve. Para mí creer en Dios es como creer en Chtulhu. Un acto de fe. Creer por creer, por sentirte mejor, por pertenecer a un grupo, por aliviar, como ya he dicho antes, la sensación de vacío al asomarte al abismo de la muerte.
Entonces, ¿qué me queda?
Para mí, son los hijos. Tú, como única hija biológica, y tus hijos, y los hijos de tus hijos.
Será porque tal vez te parezcas a mi, porque te considere una extensión de mi mismo, tal vez una rama de mi tronco. Me siento unido a ti por los lazos biológicos, sin duda, pero hay mucho más detrás. Es como si una parte de mi ser hubiese sido traspasada y cuando yo muera seguiré vivo como una parte de ti.
En tus rasgos se reflejan la mezcla de la persona a la que amo y los míos. En tus gestos, tus expresiones, me identifico a mí mismo y me recuerdo que yo también fui así. Eres una prolongación de mí mismo que funciona de forma independiente.
Pero yo no soy el modelo a partir del que se han generado las copias ulteriores, sino solo una quimera, construida a medias con los rasgos de mi padre y madre, que a su vez lo fueron de los suyos. Creo que no tenemos nada que nos sea propio, sino que somos el resultado de una interminable mezcla de piezas de mosaico que existen con independencia de nosotros y que se combinan en una miríada de estampas casuales que, a su vez, tampoco poseen un valor propio y que se vuelven a descomponer una y otra vez.
¿Merece la pena que me sienta orgulloso de esos dedos de los pies pegados que considero mío, pero que en realidad ha viajado por cientos o tal vez millares de cuerpos a lo largo de miles de años?
Sí. Para mí si. Merece la pena eso y mucho más.

Anuncios

Navegación en la entrada única

11 pensamientos en “¿Qué quedará de mi?

  1. Leire:
    Quizás, en este mismo momento, en una montaña, que todavía no ha visitado el hombre, inaccesible, inhóspita, en una gran altura, se está produciendo un alud, que se desliza cada vez más veloz, hasta llegar al borde de un acantilado para caer hasta el fondo de una enorme grieta, generada hace mucho tiempo por el movimiento de la corteza terrestre.
    Nadie ha visto el alud. Nadie ha escuchado el ensordecedor ruido de toneladas de nieve arrasando árboles, rocas, todo lo que encuentra a su paso… Para nuestra sociedad esto no ha existido, no hay reporte, no hay noticia, hay una total ignorancia de esta realidad, potente, enorme, colosal; algo incontrolable humanamente, cuyo poder el hombre no llega ni siquiera a imaginar, aunque se lo cuenten, subjetivamente, que es como el hombre puede contar sus experiencias.
    Es que no es lo mismo ver el alud a la distancia viniendo hacia tí, que verlo desde arriba de la montaña, que vivirlo desde dentro, a los tumbos, llevado por la fuerza del alud y golpeándote contra las rocas.
    Contándo la experiencia, unos dirán que temblaron de miedo, otros dirán que es de una belleza indescriptible y otros tendrán una experiencia de vida que les cambiará la existencia. Y ante lo que parece contradictorio, inverosímil por las diferencias relatadas, es difícil creer, aunque debemos tener en cuenta que esto no quita que esa realidad exista.
    Leire: lo mismo ocurre con Dios, una presencia real que es invisible al hombre, que el hombre ignora -y muchas veces quiere ignorar pues trae menos problemas-. Dios es un acontecimiento, una acción, un hecho, que el hombre no llega a imaginar, sino apenas deducir, intuir como posible, y solo puede describirlo de forma incorrecta, balbuceante, con dudas inmensas, con huecos intelectuales, dudas que muchos hombres no se admiten y por eso rechazan, no toleran, no procesan, no pueden aceptarse debido al ver para creer, que no te deja ver mas allá de tus narices, y de todos modos sin ver.
    Hay muchísima gente que está convencida de que Dios es posible, de que está ocurriendo, de que está en movimiento. Son millones y millones a lo largo de la historia que sienten o han sentido que es parte de nuestra realidad, aunque no lo hayamos visto más que de manera imperfecta, como te contaba de las experiencias humanas, subjetivas. Muchos han visto “aludes” en sus vidas, acontecimientos que a su paso cambian todo, como por ejemplo tú en la vida de tus padres, pues ahí puede verse, ahí está la presencia de Dios que es Amor; muchos han tenido experiencias tan sobrecogedoras que les han llevado a pensar que hay más, mucho más, por encima de lo que se produce o sucede en algún momento, y que no siempre podemos ver, escuchar, sentir, entender, y que nos hace vibrar, y hasta atemorizarnos de algo tan poderoso e inmanejable para el hombre.
    Yo, Leire, he tenido la experiencia del “alud”, perdón, de varios “aludes” que han pasado por mi vida, y he ido entendiendo que en ellos, en todos ellos, estaba presente Dios.
    Y en este momento, que estoy hablándote de Dios, no te hablo de estructuras religiosas, sino del llamado que el hombre siente en lo más profundo de su corazón, que lo lleva a pensar, a admitir la posibilidad, a dudar de esta realidad que no podemos captar en su totalidad.
    Dios nos habla a cada uno, y está en nosotros escuchar y dar una respuesta, que puede ser de aceptación o rechazo. Y más tarde, si lo hemos aceptado, estará en nosotros ligarnos a Él, (religare: religión).
    Pero el llamado de Dios es totalmente, enteramente, vivencialmente personal.
    Solo debemos esforzarnos, cuando busquemos la Verdad, de mirar más que ver, y de escuchar más que oír, poniendo en ello todo nuestro ser.
    La muerte, Leire, puede ser vista como un nuevo nacimiento, en el que habremos de nacer, una vez más y para siempre, a una nueva vida en la que solo existirá el amor.
    Es lógico que tengamos miedo a la muerte, y que para algunos pueda ser una “oscuridad aterradora” como la llama tu padre, pero si la tomamos como paso obligatorio a esa vida en el amor, ya todo pasa a iluminarse.
    Morir es como cuando naciste. Nadie estándo tan protegido y cómodo, alimentado y querido como en la panza de mamá, puede sospechar que afuera pueda haber tanta belleza y amor, ni tampoco podemos imaginar que formamos parte de una creación extraordinaria. Y si nos preguntaran ¿quieres nacer? y pudieramos elegir, creo que todavía mamá estaría embarazada.
    Después de todo esto, Leire, puedo darte mi respuesta a la pregunta de tu padre, para que vos la consideres en su momento oportuno:
    aquí no quedará nada,
    ni de él ni de nadie,
    esto acabará,
    como se acabó para siempre el saco vitelino en el que vivías y crecías y te nutrías tan plácidamente en el vientre de tu madre.
    ¿Adónde estará lo que quede de él y de todos nosotros?
    En Dios, allí estaremos.
    Te quiere,
    Jorge

  2. Hola Jordi, hola Leire. Me gustó tu texto de hoy sobretodo por su título. Y al leerlo me di cuenta que allí mismo estaba la respuesta . Creer o no creer en un ser superior nos da nuestras propias respuestas a nuestras constantes preocupaciones. Al qué creé le da esperanza, que no es poco y al que no…. Al qué no pues le da un motivo más que importante para vivir el día a día de una forma más profunda por ser esta la única vida que va a tener. Sin embargo me ha gustado encontrar una respuesta que comparto en tu escrito. Mis antepasados viven en mi como yo viviré en mis descendientes, formando parte de nuestro ser. Yo también me siento orgulloso de lo que me dejaron, y sólo aspiro a que alguien dentro de muchos años se pudiera sentir orgulloso de lo que le dejé. Sigue deleitando os con tus escritos, gracias.

    • Hola Nacho. Sí, yo creo que los que no creemos en Dios (o cualquier otra entidad) estamos en clara desventaja con respecto a afrontar la muerte. Pero como bien dices, es que sabe que esta es la única vida que va a tener vive las cosas de distinta manera al que sabe que esta vida es un trámite para la vida eterna.

  3. Hola Jor,
    Mis palabras no son para Leire, ni para Sofía, ni para nadie que no seas tú. De hecho, es la primera vez que me “desnudo” y comento sin ocultarme detrás de ningún pseudónimo (y sé que sabes lo que me cuesta…)

    De ti van a quedar muchas cosas, no sólo las genéticas que transmitas a tus descendientes, sino las que aportas como persona a tus hijas, a tu familia y a tus amigos. Hay muchas veces que uno no es consciente de la huella que deja en los demás y cómo éstos van aprendiendo de los consejos, de las vivencias, de las palabras (hasta de las frikadas) de otros. Y tú, sin darte cuenta, eres de esas personas.

    Yo no puedo hablar desde el punto de vista de hija, puesto que no tengo un referente paterno. Pero sí puedo decirte, desde el punto de vista de amiga, que eres de las personas con las que siempre se puede contar. Por ello, me cuesta muy poco imaginarme tu legado (aunque espero que sigamos compartiendo muchos, muchísimos, años, batallitas y experiencias más y vaya sumando más cosas a la lista).

    Para mí, lo importante es que das lo mejor de ti mismo, que relativizas siempre los problemas, que tienes una paciencia de santo, que sabes dejar el espacio que uno necesita, que tiras de diplomacia y autocontrol, que te mantienes fiel a tus principios y, además, que tienes una voluntad de hierro.

    No sé cómo lo verás tú, pero creo que todos los que te queremos tenemos ya una marca, algo que nos has dejado.

    Tengo clarísimo que va a quedar mucho de ti, que tanto Leire, como Sofía, estarán más que orgullosas de poder siempre recurrir a ti.

    Sigue con tus relatos (quedarán para la posteridad), hazte más fotos (que cada vez tenemos menos), continúa compartiendo tu tiempo con tu gente (en la medida de lo posible, siempre que te dejen tus responsabilidades) y haz siempre todo aquello que te haga feliz (eso siempre).

    No hay mejor legado que la experiencia y no hay mejor experiencia que vivir…

    Por cierto, ojalá que esos dedinos pegaínos se sigan propagando generaciones y generaciones (yo adoro mi lunar y sé que tu peque adorará sus pinreles).

    Un beso bien fuerte,
    Alis

    • Tu fan incondicional en dijo:

      Yo también me he emocionado Ali y a mi sí que se me nota, me costaba ver el texto para poder seguir leyendo. Gracias.
      Poco puedo añadir. Así es él y yo tengo la inmensa suerte de tenerlo a mi lado 🙂 y espero que Leire haya heredado muchas más cosas de su papi que sus maravillosos piececitos.

  4. Vaya, Alis, has conseguido que me emocione, aunque no se me note externamente 😉

    Lo cierto es que no se que decir… gracias por tus palabras.

  5. santamayte en dijo:

    Solo una pregunta:¿porqué los agnosticos y ateos respetamos las creencias de los demas y los creyentes se empeñan en evangelizarnos?

    • Pues supongo que porque ellos conocen algo que nosotros ignoramos e intentan hacernos ver la luz. Tienen una respuesta a todas las preguntas, y nostros no.
      Pero creo que nosotros podemos vivir sin esas respuestas.

  6. rbeldac en dijo:

    No sé si tener a mi hija recién nacida al lado me predispone más a sentirme identificado con el texto. Es verdad que me preocupa lo que pueda quedar de mi en el futuro. Y es triste ver que en realidad, no quedará nada, y lo que pueda quedar, será alguna anécdota aislada que no te definirá como persona, ni explicará tus sentimientos, y aclarará tus actos en momentos determinados.

    Como siempre dando materia para pensar.

    En el mundo de las creencias ya no entro. Son muy particulares de cada cual. Y lo hermoso creo que reside ahí. En que cada persona pueda o no creer en un dios, o en Dios. Y que si cree en él, pueda adaptarlo a su vida si lo desea.

    Un placer leerte amigo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: