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El certificado

El certificado

Juan Ramón aguardaba sentado en la amplia sala de espera de la Oficina de Reclamaciones y Revisiones del Ministerio de Educación. Su pierna izquierda se movía de forma nerviosa mientras leía el periódico digital en su antigua tableta Asus Flexible Lite 5, que aunque cómoda y funcional para lo que él la usaba, estaba quedando ya obsoleta por los nuevos modelos holográficos. Muchos de los que esperaban ya se habían actualizado a alguna Samsung Holograf One o los siempre conocidos iHolo de Apple. Lo que estaba claro era que las tabletas flexibles habían pasado a la historia para la mayoría de la gente a la que no le importaba que los demás cotilleasen lo que estaban viendo.
Cincuenta y ocho A. No era su número; él tenía el ochenta y cinco G. No sabía qué significaban las letras, pero tampoco tenía tanta curiosidad como para levantarse y preguntarle a la Info-holo, que era como se conocían esos modelos de recepcionista que había en la puerta. Por lo que había leído hacía unos meses, se trataba de una mezcla entre los modelos de hologramas informativos y recepcionistas de eventos especialmente preparados para el gobierno. Lo bueno era que se había encargado el proyecto a una empresa española; lo malo era que no funcionaba del todo bien.
JuanRa paseó la mirada por la sala con más detenimiento. Reprobar aquella prueba no era exclusivo de informáticos; allí gente muy diversa, desde ejecutivos hasta mozos de almacén u obreros. Incluso había uno que estaba leyendo un libro de papel. Recordaba cuando de pequeño les hacían leer en libros de papel en el colegio, pero cuando llegó al instituto, apenas volvió a tocar ninguno.
Se colocó bien las gafas en un gesto automático. Estaba valorando seriamente operarse de la vista a pesar del pánico que sentía a que le abrasaran parte de la córnea con un láser. Al parecer era una operación muy sencilla: te decían hacia dónde tenías que mirar y aplicaban el láser. Era completamente indoloro y, aunque la ciencia había avanzado mucho en ese campo, no se fiaba lo más mínimo. Había casos en los que quedaron peor que antes de entrar; la probabilidad era baja, apenas llegaba a un cuatro por cien pero, ¿y si él era uno de los del cuatro por cien?
El panel volvió a iluminarse y cambiaron seis números de golpe. ¿Cómo era posible que todavía tuviesen paneles en dos dimensiones?, se preguntó. Las tridens, tridimensionales densas, estaban a muy buen precio y seguro que costaba menos comprarlas nuevas que mantener aquellos fósiles tecnológicos. El panel volvió a cambiar y una alarma visual apareció en su tableta. La aplicación para coger número que se había instalado por el obsoleto código QR al entrar en el Ministerio había funcionado a la perfección. Cuarenta y cinco C, Sala treinta y cuatro.
Dejó al resto de personas allí sentadas mientras pensaba en el individuo del libro y guardaba su tablet. Para él no dejaba de ser un tipo con ganas de llamar la atención y seguramente era de esos que defendían la vuelta a los orígenes, aunque ni siquiera supiese lo que eso significaba.
El pasillo era largo y todas las puertas estaban a la derecha. Se cruzó con algunos hombres, la mayoría con caras largas; eso significaba que no lo habían conseguido. No era fácil ponerse a estudiar algo a partir de ciertas edades y menos cuando no crees en ello, pero había que pasar por el aro.
Al contrario de lo que muchos pensaban, aquel examen no era sencillo. Él había suspendido, rozando el cuatro y medio, y tenía derecho a revisión. No solía haber errores en la parte de test, pero en la parte de desarrollo o psicológica era donde entraban las subjetividades. Esperaba no tener que enzarzarse con el funcionario de turno porque le costaría el examen seguro. Tendría que callarse lo que opinaba de aquellos exámenes y de su sistema.
Un par de policías lo adelantaron corriendo y entraron en una sala. A los pocos segundos salieron con un hombre esposado que lanzaba maldiciones e insultos tanto al funcionario que ya no tenía delante como a los agentes del Cuerpo Unificado. En otros tiempos podrían haber sido Nacionales o Guardias Civiles, pero desde el diecinueve habían unificado todos los cuerpos de policía.
Cuando llegó a la sala treinta y cuatro la puerta se abrió y observó el interior. Era una habitación pequeña con una mesa al fondo. Un funcionario que habría llegado a los cincuenta y con apenas pelo en la cabeza leía en su hológrafo monocromo lo que seguramente sería su ficha. Se puso más nervioso y tuvo que respirar profundamente y secarse el sudor de las manos en el pantalón. La revisión iba a empezar.
—Pase y siéntese —dijo sin mirarle a la cara.
JuanRa se sentó tras decir un tímido “Hola”. Debía pasar aquella prueba o tendría problemas con su mujer.
—Buenos días. Juan Ramón Rodríguez Sullivan, ¿verdad? Mi nombre es Julián Domenech y soy el encargado de revisar su caso —dijo el funcionario de forma protocolaria y con una sonrisa vacía—. Veo que está usted a punto, a punto. Su mujer ha sacado mayor nota, pero al no haber llegado usted al cinco, no se le puede aplicar la media.
—Sí, lo sé.
Julián asintió. Su deber era informar a pesar de que la mayoría de los que se sentaban en aquella silla conocían todo lo que les iba a decir.
—Como también sabrá, hoy no solo revisaremos sus exámenes por si hay algún error sino que reevaluaré, si es necesario, aspectos globales. No se trata de aprobar un examen, sino de estar preparado. ¿Considera que está usted preparado?
“¡Claro que no!”, gritó en su mente.
—Yo creo que sí. La parte de desarrollo pensaba que me había salido mejor. No sé dónde puedo haber fallado.
El funcionario miró su hológrafo, buscando la información que necesitaba. JuanRa intentó romper un poco esa tensión que sentía.
—Hacía tiempo que no veía un hológrafo monocromo. ¿Quedan muchos por aquí?
Julián lo miró con sorpresa fingida. La mayoría de los hombres que se sentaban en aquella silla hacían lo mismo. Hablaban de temas que conocían para sentirse un poco más seguros.
—Pues sí. Los nuevos equipos se quedan en los pisos de arriba —dijo con una sonrisa de complicidad.
Juan Ramón sonrió también. En su empresa pasaba igual: los equipos nuevos, las nuevas tabletas y hológrafos y las mejores conexiones iban a parar a manos de los directivos o jefes de zona, que eran precisamente los que menos lo necesitaban. Cuanto más arriba se iba en la empresa, más dinero costaba la tecnología que llevaban y menos rendimiento les daban. Pero mientras, los técnicos, los que hacían el trabajo, debían apañarse con lo que les tocase. Pero así eran las cosas, tanto en la empresa privada como en la pública.
—Bien, por lo que podemos ver —dijo mientras movía el hológrafo de forma lateral para que ambos pudiesen leer la pantalla—, ha fallado usted en las preguntas dos y cinco.
JuanRa frunció el ceño, contrariado. Precisamente la pregunta cinco le había salido muy bien.
—¿Cómo puedo haber fallado en la pregunta cinco? La repasé cuando salí del examen y la contesté bien.
—Vamos a ver… —Julián se puso a leer la respuesta. Tras unos largos segundos frunció los labios—. Ya veo. ¿Puede enseñarme el manual con el que ha estudiado?
La pregunta extrañó mucho a JuanRa, como pudo leer el funcionario en su rostro. Tras unos instantes, JuanRa le mostró el manual en su tableta.
—Ya veo dónde está el problema. ¿Es la primera vez que se presenta al examen?
—Sí.
—¿Cuándo compró usted la Formación?
—Bueno… No la compré yo. La compró mi cuñado y me la prestó.
—¿Y no sabe que eso no se debe hacer?
—Lo que no se puede hacer es que cada uno se tenga que comprar lo suyo con el precio abusivo que tienen.
—Entiendo y comparto su opinión sobre el precio, pero ha estado usted estudiando una Formación con tres años de antigüedad, con lo que el temario ha quedado desactualizado.
—Ya… Pero es que no es posible que estas cosas cambien tanto de un año para otro. Parece que las cambien para que tengamos que comprar nuevas cada vez.
Julián se encogió de hombros. No acababa de entender por qué había gente que se la jugaba de aquella manera por unos euros. Era cierto que los temarios eran muy caros, pero era un dinero que valía la pena gastar y un claro indicativo de las prioridades de cada uno. Aquella persona no le daba la importancia necesaria al asunto, como tantos otros que aprobaban o suspendían. El sistema seguía sin ser perfecto.
—Bien, yo entiendo que usted considere que el temario no puede estar actualizándose tan a menudo, pero eso no significa que sea así. Las cosas cambian, unas más rápido que otras, y usted debería saberlo mejor que yo —dijo el funcionario que previamente se había estudiado el perfil de Juan Ramón.
A JuanRa no le gustó nada la comparación. No se podían comparar la informática con la paternidad.
—No creo que se puedan comparar las dos cosas. En la informática hay mucha competencia y cada empresa quiere sacar nuevos productos para posicionarse sobre sus rivales. Hay gran evolución por nuevos descubrimientos tanto hardware como software y hay mucha gente, millones de personas, trabajando en ese campo. No creo que se pueda comparar algo en constante evolución con lo de ser padres, que hasta hace unos años había sido siempre igual.
El funcionario sonrió, esta vez con sinceridad. Si le dieran un euro por cada vez que fuese a tener una conversación como la que se iba a iniciar, podría tener un yate amarrado en el puerto de Marbella. Podría hacer como algunos de sus compañeros, que sencillamente se encogían de hombros y decían “es lo que hay”, pero él estaba convencido de las bondades del programa.
—Usted entiende de informática, trabaja como informático. Su mundo laboral gira en torno a él. Conoce las evoluciones que sufre, las tendencias, no se… Todas las cosas de ese mundo. ¿Qué sabía usted de la paternidad antes de la Formación? Las pinceladas que había visto usted en algún amigo o familiar. Es decir, a pesar de no tener conocimientos suficientes de la paternidad hace una afirmación tal como que la crianza siempre ha sido igual. —JuanRa estuvo a punto de replicar—. Lo que yo trato de decirle es que las cosas cambian. Se hacen investigaciones nuevas, se obtienen resultados, se cambia lo que no funciona y se refuerza lo que sí. Es una tarea que necesita de muchos años hasta que se optimice y hasta el momento llevamos solo siete años con el programa PADRES 2.0. No es una muestra muy amplia y por eso la Formación sufre cambios.
—Ya, ahora resultará que hay que estudiar una carrera para poder ser padre.
—No hay que irse a los extremos para restar credibilidad a algo. Lo que desde el programa PADRES 2.0 se intenta transmitir es que al igual que nos formamos para saber desarrollar unas funciones, ya sean en el ámbito laboral o personal, también debe haber una formación a la hora de traer hijos a este mundo. Si para conducir un automóvil hay que pasar una serie de pruebas y superar un examen, ¿cómo no ha de tenerla la paternidad? Si se quiere hacer algo bien hay que formarse al respecto. A mayor formación, mejores resultados, ¿no cree?
Juan Ramón se sentía acorralado. Se agitó nervioso en su asiento pensando algo que responder. No pudo morderse la lengua, no pudo resistirse a la tentación de espetarle al funcionario de turno lo que pensaba.
—Ése no es el problema. El problema es que son los políticos los que nos están diciendo cómo tenemos que educar a nuestros hijos. Cuando vuelva a cambiar el gobierno nos cambiarán otra vez los temarios y la formación. Sabe, puedo entender que desde dentro no pueda ver uno lo que están haciendo, pero si se lee los periódicos y se informa un poco, verá que han ido mucho más allá. Cuando yo era pequeño nos cambiaban el programa escolar cada cuatro años dependiendo de quién gobernase, introduciendo y sacando asignaturas según el color político en un intento de manipular a la sociedad desde la educación. Ahora no solo los niños serán manipulados desde el colegio con determinadas asignaturas, sino que se han logrado introducir en el núcleo familiar. Han conseguido que padres y madres sigan su doctrina incluso con orgullo porque ellos están formados para tener hijos. No se dan cuenta de que están criando niños que van a ser todos iguales, dóciles ante unos estamentos y una oligarquía con tanto poder que ya será imposible hacer nada para cambiar.
“Y hablando de la educación. Se está volviendo a separar a niños en los colegios dependiendo de si forman parte del programa, se ha vuelto al pasado, a segregar. ¿Qué ocurrirá con los emigrantes que lleguen nuevos o con los niños de familias de determinadas etnias que por las razones que sean no quieran entrar en el programa? Se les separará y se les marcará; se les mirará con dedo acusador diciendo “tú no formas parte de la nueva sociedad 2.0”.
Sin darse cuenta, JuanRa se había levantado de la silla y estaba apoyado en posición amenazadora sobre la mesa del funcionario. Si avanzaba unos centímetros más chocaría contra un muro de fuerza y se lo llevarían esposado, como al tipo con el que se cruzó. De lo que sí se acababa de dar cuenta es de que acababa de suspenderse. Cuando estuvo a punto de darse la vuelta e irse, el funcionario le dijo que se sentase. Lo miraba de forma diferente, con una mezcla de triste abatimiento.
—Por favor, siéntese —volvió a repetir dado que no le había hecho caso.
Cuando JuanRa se sentó, el funcionario le habló con serenidad.
—Aunque no se lo crea, sé perfectamente lo que quiere decir. Entre otras cosas, no está dispuesto a que el político de turno le diga cómo tiene que educar a sus hijos, ni mucho menos que le diga si usted puede o no puede tener hijos. Yo tampoco lo estaría. Cuando tuve hijos el programa todavía no estaba en marcha. Pero como parece que sabe, siempre hay intereses en uno u otro sentido. Le voy a contar algo aunque nos pasemos del tiempo máximo asignado.
»El programa PADRES 2.0 no lo han hecho los políticos, gracias a dios. Este programa fue creado entre pediatras, matronas, sociólogos, profesores y psicólogos tras muchos años de trabajo. La idea nació de la Asociación de Futuros Padres en 1997, en la que se orientaba y daba formación a aquellos que acudían allí con tal fin. Pero con el tiempo se fue viendo que aquello podía llegar más lejos, abarcar a una sociedad completa. Fue muy complicado que se pusieran todos de acuerdo, y se lo digo porque yo estuve en la elaboración del programa durante unos años. Se consiguió hacer algo muy decente. No se trata de un manual sobre cómo educar a tus hijos. Se trata de una formación para padres en la que entre otras cosas se habla de preconcepción, que nadie la tiene en cuenta, embarazo, parto, lactancia, sueño, alimentación, crianza de 0 a 1 años, de 1 a 2, de 2 a 3…, hermanos, guarderías, medicina pediátrica, pedagogía… La Formación son unas nociones básicas para cada uno de esos temas. En ningún caso se trata de un adoctrinamiento de los hijos, sino una formación para los padres.
»Era una barbaridad que la gente se lanzara a algo tan serio y difícil como es la paternidad sin saber nada. Recuerdo un amigo primerizo que no le desinfectaba el cordón umbilical a su bebé porque no se lo había dicho en el médico. Era como si delegaran las responsabilidades en pediatras, abuelos o revistas. Está claro que uno no puede estudiar pediatría para ser padre, pero debe saber las nociones básicas de las cosas, como no llevar al pediatra a tu bebé porque tiene mocos o porque tiene unas décimas de fiebre. Todo esto ocurre porque los padres se encuentran con que no saben cómo actuar. No sirve leer un libro del pediatra de moda y pensar que ya se sabe todo lo necesario. Hay que utilizar información contrastada y saber las consecuencias de cada método.
»No es lo mismo un bebé de un mes, que de un año o de dos; pasan sus fases comunes en todos los niños, y muchos padres ni siquiera sabían eso o no sabían cómo enfrentarse a determinadas situaciones habituales. Es para esto para lo que se creó La Formación y el PADRES 2.0. Se sigue dejando al criterio de los padres la educación de sus hijos, pero por lo menos ahora es con conocimiento de causa. La justificación de “siempre se ha hecho así” pierde fuerza cuando uno tiene la formación adecuada. Esta es la esencia del programa.
»Pero no solo eso. Le puedo decir, y son datos disponibles en Internet, que el número de bajas de los profesores en los colegios que se ha aplicado el PADRES 2.0 se ha reducido drásticamente hasta casi desaparecer. Las notas y el rendimiento han aumentado más de un cincuenta por ciento y el fracaso escolar ha desaparecido. Es cierto que los datos son hasta secundaria debido a que el programa no tiene tanto tiempo, pero hay que ver la tendencia y la evolución respecto a otros colegios que todavía no han implantado el programa. Se preocupa de la segregación obviando los resultados. Mira con los ojos del pasado. La sociedad que se está construyendo es mucho más tolerante de la que venimos y no es excluyente. Uno de los motivos por los que se ha introducido la segregación en algunos colegios es para poder ver los resultados en su forma pura. Si se mezclara a los niños, como también se está haciendo, los resultados, aunque buenos, no alcanzan los niveles de las clases homogéneas.
»Por otro lado, gracias a la Formación, las listas de espera en pediatría se han reducido a la mitad porque ahora esos padres no llevan a sus hijos al médico solo porque tienen mocos.
»Desde siempre he creído que la educación empieza en casa y que si esa base es buena se enfrentará mejor a los problemas que tenga en su vida. Cuando esos niños crezcan y tengan hijos, entonces será cuando recojan los frutos de todo este esfuerzo. Es algo que seguramente no veamos, pero creo que para conseguir algo de este calado es necesario implicarse en hacer las cosas bien aunque nos cueste un esfuerzo importante y no seamos nosotros los beneficiados.
Hubo un momento de silencio. Hacía ya algún tiempo que una luz roja parpadeaba en el panel. Julián le prestó atención y la apagó. Miró de nuevo al hombre que estaba sentado frente a él y pensó que lo había conseguido. Cuando JunaRa empezó su réplica se dio cuenta de que todavía tenía energías para resistirse.
—Todo eso está muy bien, pero la realidad es otra. Cuando sales ahí fuera ves que lo que plantea el programa no se ajusta a la realidad. La realidad es que los padres no podemos dedicar tanto tiempo y le voy a poner mi ejemplo. Entro a trabajar a las ocho y media de la mañana, con lo que apenas podría ver a mis hijos. Al tener el horario partido porque la empresa considera que así es mejor, termino a las dos y tengo dos horas para comer. Como no me da tiempo a ir a casa, he de quedarme allí cuando en media hora he terminado si me llevo la comida de casa, perdiendo hora y media que generalmente utilizo para adelantar la faena porque, para variar, los tiempos que se han dado para realizar todo el proyecto se han medido a la baja. Salgo a las siete y media o las ocho cuando debería salir a las siete, pero está mal visto. En la empresa privada si sales a la hora te miran mal, no eres un trabajador comprometido. Así que cuando llego por la noche apenas tendría una hora para estar con mi hijo. Sí, podría ser padre de fin de semana, pero si una persona solo trabaja y está en casa, acaba volviéndose loco.
»Lo que pasa aquí y con tantas otras cosas, es que han dejado una pata de la mesa preciosa, pero otra de ellas está que no se aguanta. Me parece muy bien que quieran que los padres seamos unas personas formadas que les demos la mejor educación a nuestros hijos, pero que lo hagan de verdad. ¿Para qué quiero ser el padre más formado del mundo si no tengo tiempo de aplicarlo con mis hijos?
Julián enarcó las cejas y asintió mientras apretaba los labios. El hombre estaba contando su versión particular y no veía que la Formación englobaba a todos, no a casos particulares.
—Entiendo perfectamente lo que dice. Su caso particular muestra una realidad que lleva demasiados años vigente. Ése es un problema complejo, ya que intervienen muchos más factores. Pero puede que en un par de años usted cambie de trabajo a uno que sí le permita disponer de más tiempo. Al fin y al cabo, de lo que se trata es que los padres estén preparados para ser padres. —Hizo una pequeña pausa, como si dudase—. ¿Puedo hacerle una pregunta?
—Sí, claro.
—¿Por qué quiere usted ser padre?
JuanRa se quedó helado. Tras toda una conversación y una diferencia de opiniones le había tocado en su parte más débil.
—Si… Bueno. No lo sé. Es algo que se quiere.
—Es importante querer de verdad ser padre para que las cosas funcionen bien. Contrariamente a lo que se piensa, yo no estoy aquí solo para aprobar o suspender. Tengo otras funciones. Por favor, necesito que sea usted sincero. ¿Por qué quiere usted ser padre?
JuanRa respiró profundamente. No estaba preparado, de eso estaba seguro. En el fondo no quería que el poco tiempo libre que tenía se redujese a cero. Todavía podía ir a jugar al po-ker los viernes por la noche con los amigos, salir a correr algún día, salir la noche de los los sábados con su mujer y algunos amigos o ver alguna serie o programa por la tele después de un día duro de trabajo. Pero la realidad, algo que nunca iba a reconocerse ni a sí mismo en un arrebato de sinceridad, era que tenía miedo.
Sabía que ya estaba suspendido después de todo lo que le había dicho al funcionario, así que optó por darle un poco de pena a ver si así podía aprobar por lástima.
—Yo no quiero ser padre, es mi mujer la que quiere ser madre. Yo la quiero mucho, ¿sabe? Estoy muy feliz a su lado. Tenemos nuestros malos momentos, que han aumentado por lo de tener hijos, pero somos felices juntos. No quiero separarme de ella ni que la situación cambie. Estamos bien así. —Bajó la cabeza, sin estar muy seguro de lo que iba a decir—. Supongo que con el tiempo se le pasará.
Hubo un momento de silencio. Julián había visto aquella misma escena en multitud de ocasiones y no era exclusiva de los hombres. El número de mujeres que tenían hijos por presiones familiares o sociales era muy alto y poder detectar y solucionar esos problemas era un gran logro. Al contrario de lo que la mayoría de la gente pensaba, la verdadera labor de los revisores era esa, aunque tenía compañeros poco comprometidos con su trabajo que por comodidad o dejadez se limitaban a revisar los exámenes y hacer una serie de preguntas protocolarias. Pero como él, había otros muchos funcionarios que cumplían con su labor lo mejor que podían y sabían.
—Bueno, señor Rodríguez, creo que usted mismo ha señalado el problema. Personalmente creo que está usted en una posición difícil. Traer un hijo al mundo es una gran responsabilidad y uno debe estar convencido porque se pasan momentos difíciles y no se puede tirar la toalla. —Julián entrecruzó las manos sobre la mesa—. Tal vez debería hablar con ella, poner las cartas sobre la mesa, y a partir de ahí tomar una decisión en uno u otro sentido. Creo que aunque haya usted suspendido ya sabe con las situaciones que se va a encontrar y podrá tomar una decisión con conocimiento de causa, que al fin y al cabo es lo más importante. Estoy seguro de que sea cual sea su decisión, no nos volveremos a ver aquí.
La sonrisa bondadosa que le dedicó hizo que JuanRa se sintiese un poco mejor. Había entrado allí con un problema porque había suspendido, pero iba a salir con dos más grandes: responder a la pregunta de qué quería realmente y tomar una decisión asumiendo las consecuencias.
Se levantó de la silla y salió por la puerta, despidiéndose del funcionario con un movimiento de la mano. En su interior tenía mucho miedo de tomar una decisión tan importante y equivocarse. Si decidía no seguir adelante con lo de ser padre, si el matrimonio seguía en pie, seguramente Marisa tendría la sensación de no cumplir con un objetivo vital y perdería su alegría; en cambio, si decidía ser padre con ella, tendría que sacrificar su independencia y su ser de individuo libre. Quería mucho a Marisa, la amaba, pero no sabía hasta qué punto sería capaz de sacrificarse y si ese sacrificio no le pasaría factura.
Mientras atravesaba la sala de espera, ajeno a todos los que allí estaban sentados, pensó en su hermano pequeño. Era increíble cómo podía tener aquella sonrisa con las ojeras que se habían instalado bajo los ojos. Él sí disfrutaba con la paternidad, se pasaba horas jugando con su hijo y siempre hablaba de lo mucho que le había ayudado la Formación y el PADRES 2.0. Parecía feliz. Si su hermano, que había sido mucho más “cabra” que él, lo había conseguido, ¿por qué él no podría?
Salió por la puerta principal y vio a su mujer esperándole fuera. Ella había dejado de fumar hacía un par de años, como muestra de su convencimiento para ser madre; estaba dispuesta a pasar unos años sin probar el alcohol, dejar se salir de fiesta, etc. Se lo había visto en sus ojos. Y fue en sus ojos también donde vio la tristeza al verlo salir abatido. Pudo ver como reprimía unas lágrimas y apretaba la boca. No parecía enfadada; estaba triste, decepcionada.
A JuanRa le entraron ganas de llorar también. En ese momento, tras verla así, lo tuvo claro. Casi sin querer había tomado la decisión. Cuando llegó a su lado la abrazó con fuerza y le dijo al oído:
—Marisa, voy a volver a presentarme y sacaré más nota que tú.

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5 pensamientos en “El certificado

  1. santamayte en dijo:

    Esto es el futuro inmediato,y a la vez una lección de amor puro y desinteresado,el personaje antepondrá los deseos de su mujer por encima de su libertad.Esperemos que con el progreso no se pierdan los valores.Esperemos……….

  2. Hacía tiempo que quería escribir algo al respecto. Como bien apuntas, él hace un sacrificio de parte de su libertad para hacerla feliz, pero realmente mis inquietudes iban por otro lado. ¿Estamos los padres preparados para ser padres?¿Cuánta gente se forma mínimamente antes de ser padre?¿Todavía creemos que los niños se crían solos?¿Debería de haber cursos de formación para ser padres?¿Aceptaríamos pasar un examen como el de conducir, por ejemplo, para poder tener hijos?
    Muchas preguntas e inquietudes me inspiraron a escribir esto…

    • santamayte en dijo:

      Con la experiencia de haber tenido dos hijos y dos nietos te voy a responder:Nunca se está lo suficientemente preparado para ser padres,esto no es una ciencia exacta,en consecuencia ,hay cantidad de factores externos con los cuales vas a tener que luchar para imponer tú criterio y en el mejor de los casos quizá no estes equivocado.Las generaciones se suceden,los tiempos cambian,la gente evoluciona,por lo cual deberiamos estar permanentemente revalidando el titulo de padres;en fin todo muy complicado.Lo importante es enseñarles lo que tú sabes y en lo qué crees y dejarlos elegir…………

  3. ElAndres en dijo:

    Snifff.. jo que bonito nen. Se me cae una lagrimilla, sobre todo al final. Creo que en el relato haces la pregunta clave para ser o no ser padre ¿estás dispuesto a sacrificar tu independencia por tus hijos?. La respuesta a esta pregunta, para mí, es sin duda una de las principales a la hora de tomar una decisión tan importante. Creo también que tu propia trayectoria personal a la hora de tener a tus hijas ha inspirado gran parte de este relato tan emotivo. Un abrazo chaval.

  4. Leer esto a tres meses de ser padres te deja sin palabras. Me has dado mucho para pensar amigo! Enhorabuena por un relato donde demuestras tu capacidad para tratar temas complejos, amén de imaginar la evolución de la sociedad. Grande ese I-Halo!

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