Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Último día de clase

instituto

Hoy era el gran día, el último día de clase. Para James J. Silly, o “piraña”, “inmensa bola mantecosa”, “zampabollos”, también lo era. Casi nadie lo conocía por su nombre, aunque sí por su apellido. No ayudaba en nada. Se preguntaba una y otra vez por qué su padre no se cambió el apellido cuando pudo, por qué decidió ponérselo a su hijo y que sufriera las burlas de todos, iniciando así un camino de mofas y escarnios, inocentadas y putadas que duraron desde el colegio al último día de instituto. Parecía como si hubiese crecido ya con una marca que lo identificaba como blanco de las burlas. No había servido de nada cambiarlo de colegio ni el cambio al instituto. Pero él ya había decidido que no iría a la universidad, así que no tenía ya que preocuparse por si se burlarían de él allí o no.
No le interesaban los estudios ni el deporte, tan solo los videojuegos. En los videojuegos nadie se metía con él, no le insultaban, no le robaban los almuerzos, no le dejaban encerrado en el baño y le rociaban orina desde una botella que previamente alguno había llenado. En los videojuegos podía ser desde un atractivo y simpático broker en Half Live hasta un terrorista en Counter Strike. Vivía la vida que le gustaba delante de una pantalla, se sentía vivo delante de una pantalla. Una vida que se tornaba en infierno cada vez que tenía que ir a clase, donde se convertía en el muñeco de un juego cruel del resto de alumnos. James no podía entenderlo. No podía entender por qué le acosaban. No era justo. Él no había hecho nada, no se había metido con nadie. Se limitaba a ir a clase y volver a casa. No tenía amigos ni los necesitaba. Alguna vez tuvo, pero se fueron espantados por los matones del instituto.
Cuando al principio, le contaba las cosas a su padre, éste le miraba con desprecio desde su butaca en el salón frente al televisor con una botella de cerveza en la mano y le espetaba que era un maricón cobarde, que si le insultaban era porque se dejaba. En cambio su madre se mostraba algo más comprensiva. Le rezaba a Dios todos los días por él, pero cuando James le dijo a su madre que los rezos no hacían efecto, esta se molestaba, acusándolo de tener poca fe y de no rezar lo suficiente. Pero su frase favorita para resolver todos los problemas era “Dios nos pone a prueba, hijo mío”.
Ni siquiera los profesores hacían nada. “Cosas de niños”, decían algunos; “él se lo busca por ser así”, había oído en cierta ocasión comentar a un profesor. Pero para James era todo una fuente de frustraciones, desde los profesores que ni siquiera sabían la materia que imparten, hasta el último de los alumnos, que se reía cuando los demás le gastaban alguna o simplemente miraban hacia otro lado. Era como si estuviese asumido que debe de haber algún paria en el que está permitida la descarga de maldad adolescente. Pero ya nada importaba. James había tomado su decisión.
Entró en clase sonriente. Robert Bacon lo vio entrar y se dirigió a sus amigos, para indicarles que ya había llegado. Estaba seguro de que le habían preparado alguna muy gorda, alguna sonada, lo había leído en los ojos de algunos durante la semana. Si alguien hubiese leído en sus ojos la que había preparado él…
El señor Mason entró en clase y pidió orden. Los alumnos estaban algo revolucionados y apenas le hicieron caso.
James se levantó de su asiento y se dirigió tranquilo hacia la puerta. Sacó dos bridas de la chaqueta que no se había quitado y las colocó alrededor del pomo de forma que no podía abrirse. Oyó como el señor Mason le decía algo, pero ya no escuchaba. Era el momento en que se iba a repartir el castigo por los pecados cometidos, como le gustaba decir a su madre.
Del interior de su chaqueta extrajo una Parabellum de 9 mm para su mano derecha y una Glock para la izquierda, y empezó la masacre.

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5 pensamientos en “Último día de clase

  1. santamayte en dijo:

    Está claro que las personas que cometen un acto de ese calibre merecen que alguien les fabrique un atenuante,acoso,locura,familia,soledad,incomprensión ; o talvez nos sirva a los demas para intentar comprender la mente humana,en cualquier caso ¿qué pasa por la cabeza del individuo que comete tal acción?
    A tú personaje has sabido buscarle una buena razon.

  2. A mí se me ponen los pelos de punta cada vez que sale una noticia de EEUU con otra masacre. Yo no se que pasa en aquel país. Lo que tampoco se es si ese que comete semejanto acto viene mal de fabrica o se hace. Supongo que habrá de todo.

  3. Gracias por vuestros comentarios. En realidad lo que pretendía era intentar crear en el lector cierto sentimiento de empatía con el protagonista y que experimentase luego un sentimiento encontrado. El relato en tercera persona es muy subjetivo, muy cercano al personaje. Puede que relate lo mismo desde otros ojos, en los que se puedan apreciar los distintos puntos de vista.
    Sin duda me he preguntado cómo ve el mundo alguien capaz de cometer semejante acto. Debe de haber muchos factores, no uno solo, para llegar a quitar vidas y causar tanto dolor.

  4. Has conseguido crear esa sensación de empatía. De cuando era crío, recuerdo tristes y enervantes casos de compañeros acosados brutalmente por la cobarde masa de chistosos de mierda, que bien podrían acabar en desgracia, para unos y otros.

    La diferencia está en el acceso a las armas para una venganza (el arma da ese poder), porque la crudeza es la misma.

    Interesante tema, que desgraciadamente siempre estará de actualidad.

  5. Un gran final, completamente inesperado para mi. Como siempre sorprendiendo y entrando en temas polémicos. Ponerte en la piel de un chaval desgraciado al que se le va la olla no es sencillo. Da mucho que pensar. Como alguna vez he escrito, y me daba mucha rabia verme algún defectillo, se te ha escapado una vez la palabra Dios sin mayúscula. Te lo voy a perdonar porque eres de misa diaria. Pero rectifica :p

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