Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Ruidos en la noche

Hubo un ruido. O tal vez no. El caso es que me desperté en mitad de la noche con cierto sobresalto. Podía escuchar la profunda respiración de mi mujer a mi lado que dormía plácidamente. Si ese ruido había existido de verdad, solo yo lo había escuchado. En alguna otra ocasión me había ocurrido lo mismo, pero me lo había tomado como parte de un sueño. Durante los sueños pueden ocurrirnos cosas raras o incluso podemos despertarnos con la sensación de que lo soñado ha sido real y dejarnos con un mal cuerpo que ya no te permite descansar durante el resto de la noche.
Me di la vuelta en la cama, esperando volver a encontrar la postura y abandonarme los dominios de Morfeo, pero un nuevo ruido me lo impidió. Esta vez sí estaba seguro de que era real. Mi estómago se encogió tanto que debía parecer una pelota de golf. Permanecía quieto, pétreamente quieto, esperando y deseando que el sonido no se volviese a producir, intentando convencerme a mí mismo de que había sido algo circunstancial, un crujido de esos que ocurren en las casas y que no sabes bien de donde vienen. Pero lo que oí a continuación me sacó ya de toda duda y me obligó a actuar: cajones abriéndose y el rebuscar dentro de ellos.
Estaba muy nervioso y asustado. Me decidí a levantarme de la cama y comprobar qué estaba ocurriendo. No sé porqué no desperté a mi mujer y la avisé de que había oído algo. Era como si en esos momentos solo existiesen dos cosas en el mundo: el ruido y yo. Ni siquiera me calcé.
Iba por el pasillo descalzo, intentando no emitir sonido alguno, respirando lo justo para no morir asfixiado. A medida que avanzaba, podía escuchar con más nitidez y claridad que había alguien en el salón. Hasta ese momento, nunca antes había pasado tanto miedo. Miedo de que hubiesen entrado en casa y que pudiesen hacernos daño. Me temblaban las piernas y sentía que me desmoronaría sobre mí mismo. Mis piernas dejaron de avanzar y me quedé paralizado en el pasillo. Tal vez solo cogerían las cosas del salón y después se irían. Así no tendría que intervenir. Pero algo me decía que si no encontraban nada de valor en el salón entrarían en las habitaciones. Volví a reanudar la marcha. Acababan de mover una silla y cerrar otro cajón. Todo mi cuerpo pesaba enormemente, me costaba moverme y respirar era un esfuerzo titánico. Cómo deseaba que esto no estuviese ocurriendo.
Con el mayor acto de valor que recuerdo haber hecho en mi vida, asomé la cabeza por la puerta del salón. Allí había una figura oscura, de oscuras ropas y oscura capucha, rebuscando en el último cajón. Fue como si me hubiese sentido. Giró la cabeza de inmediato y lo que vi es algo que todavía me acelera el corazón cuando lo recuerdo. Es la razón por la cual nunca se lo he contado a nadie y la razón por la cual mentí a mi mujer cuando me preguntó porqué había gritado. Aquella figura me miró desde unos ojos redondos y grandes en un rostro descarnado. Me clavó una mirada que creo que solo volveré a ver en la Muerte cuando venga a por mí. Grité de terror mientras entraba en la cocina, abría un cajón y sacaba el cuchillo más grande que encontré. Y allí permanecí esperando a que la oscura figura entrara por la puerta y se abalanzara sobre mí. No se cuanto tiempo estuve allí, esperando, pero quien entró fue mi mujer que también lanzó un grito de terror al verme con el rostro desencajado y el cuchillo delante de mí.
En casa no faltaba nada y le dije a mi mujer que había sufrido una pesadilla mientras me encontraba en un episodio de sonambulismo. Pero estoy seguro de lo que vi. Aquello ocurrió de verdad. No fue un sueño.

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4 pensamientos en “Ruidos en la noche

  1. Menudo momento he escogido para leer tu blog… justo antes de acostarme… glupss, si lo sé me leo otro post…

    Si ya que te entren a casa mientras duermes acojona, lo otro ni te cuento…

    :))

    Silvia

  2. El miedo nos atenaza. Fíjate que últimamennte en la tele no dejan de salir anuncios de sistemas domésticos de seguridad. Ponga ud. una alarma en su vida (y otra en su casa).
    Si tuviéramos interiorizado que cuando una persona entra sigilosamente en nuestra casa cuando dormimos, no es para otra cosa que para dejarnos un bonito regalo en la mesa del salón, la reacción hubiera sido algo similar a esto:

    “Al fin lo escuché, sabía que era él y que, por alguna razón que desconocía, esa noche había elegido mi casa. Me desbordaba la alegría y la excitación.
    Bajé las escaleras sigiloso, con una enorme sonrisa callada dibujada en mi cara. No quería asustarlo y que se marchara sin cumplir con su misión. Solo tenía curiosidad por observarlo, por presenciar de cerca su modus operandi. Quizás algún día yo lo haría también. Repartir alegrías.
    Me senté en una esquina del salón, en silencio, y seguí cada uno de sus movimientos en la oscuridad. Un gran paquete rosa con un lazo enorme reposaba sobre la mesa. Había decidido dejarnos algo bueno, muy bueno. Quizás la barbacoa que tanto deseaban mis hijas.
    Cuando salió por la misma ventana que había entrado le dije desde mi rincón: infinitas gracias, quienquiera que seas. Vuelve cuando quieras”.

  3. humildeestudiante en dijo:

    Muy bueno, al final me esperaba un: Al día siguiente el hámster había pasado a otra vida, la falta de previsibilidad en una historia, al menos desde mi punto de vista lo dota de una mayor autenticidad y naturalidad, como la vida misma, imprevisible -en ciertos casos, no nos pongamos quisquillosos-.

    Saludos!

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