Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Un indignado más

Acababa de bajar por las escaleras del metro y se encontraba en el andén. El Madrid iba perdiendo y se estaba de buen humor. Por fin, después de trece años, el Atleti ganaba en casa 2-0 a los merengues. Se preguntaba como era posible estar tanto tiempo sin ganarle al Madrid, que por muy buen equipo que tuviese, no era normal llevar tanto sin ganar. 
Miró a su alrededor, sin prestar atención a lo que había. Estaba acostumbrado a la temperatura anodina de los andenes, los silencios de la gente ocupada en sus cosas, el aire con ese extraño olor que no sabía identificar a qué olía, si a cerrado, a profundo o a las máquinas de aire que lo filtraban desde la calle.
Vio como dos chavales bastante parecidos en su apariencia e indumentaria, con la cabeza rapada, un par de pendientes en la oreja izquierda, pantalones vaqueros y chaquetas Alfa acababan de entrar por una de las salidas. Tenían pinta chunga, sin duda. Miraban a su alrededor, como si buscasen a alguien. Y lo encontraron. Se acercaron a un chico, no llegaría a los dieciocho años, y le preguntaron algo. Pero había algo más. El chico se puso nervioso, se le veía en la cara, y uno de los dos macarrillas se puso a su espalda. El chico se movió, pero aquellos volvían a la misma posición. Parecía que le pedían algo. El resto de gente que estaba esperando el metro observaba la escena hasta que uno de los chavales le propinó un puñetazo en toda la cara al chico. El otro lo cogió por detrás y lo sujetó mientras el primero volvía a golpearle en la cara.
Dejó de escuchar el partido. Su corazón se aceleró más que cuando Iker paró el último penalti ante Francia en la Eurocopa. Se puso nervioso y observó que la mayoría de los que esperaban el metro giraron la cabeza ante la agresión. Ninguno estaba haciendo nada. Unos se quedaban mirando con desaprobación, otros con miedo, pero la mayoría estaba mirando hacia otro lado. ¿cómo podía ser que nadie se moviese?¿En qué clase de sociedad vivía? Nadie se movió mientras le quitaban el iPhone y la cartera al chico; todos bajaron la vista cuando los dos delincuentes pasaban a su lado mirándolos desafiantes. Se fijó que el pobre chico estaba en el suelo, sentado, intentando no llorar, tembloroso, buscando ayuda con la mirada.
Pero él bajó la vista antes de que sus miradas se cruzasen. Llegó su metro enseguida y subió a él, sin fuerzas en el cuerpo. Debía de estar de bajón de adrenalina y la sensación que tenía era muy desagradable. Parecía que no tuviese fuerzas ni para agarrarse a la barra del metro y que sus piernas no fuesen a soportar el peso de su cuerpo. No había ningún asiento libre y pasó un mal rato. Además, estaba indignado con la actitud de la gente. Esta vez, miró a su alrededor de forma distinta a como lo hacía siempre. Esta vez se dio cuenta de como la gente se ocupaba solo de lo suyo y que la inseguridad ciudadana estaba a la orden del día. Se indignó porque los guardias de seguridad nunca estaban cuando se los necesitaba y porque la policía no hacía nada para detener a esa gente, que campaba a sus anchas y hacían lo que querían. Y se indignó porque ni siquiera nadie había llamado a la policía.
Con esa sensación de indignación porque los políticos no hacía nada para acabar con todos esos carteristas y atracadores que campaban a sus anchas por todo Madrid, se acostó en la cama y se durmió.
Al día, mientras comía con su familia en casa de su madre como todos los domingos, contó lo sucedido:
– Dos macarras llegaron ahí, como si fueran los amos, y le atizaron una paliza a un chico que estaba allí, esperando el metro. Le quitan el móvil y la cartera, y la gente pasando, como si no fuera con ellos. Tenías que verlos, todos acojonados. Pero si había por lo menos diez personas, se podrían haber puesto y los chorizos se hubiesen ido por patas.
Su hermano, que había escuchado atentamente la historia, le preguntó que porqué no había hecho nada él.
– ¿Yo? ¿Nadie hace nada y quieres que me meta yo?¿Todos miran a otro lado y quieres que me la juegue yo? A saber lo que me hubiesen hecho a mí. Pues no tengo ya bastantes cosas con lo mío – se justificó.
Instintivamente, buscó la mirada de su padre, que asintió ligeramente con aprobación. Se llenó la cuchara del excelente cocido de su madre y pasó a comentar la victoria histórica del Atleti.

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Un pensamiento en “Un indignado más

  1. impagado cabreado en dijo:

    Real como la vida misma. Otra pregunta es que hubiera hecho si el agredido hubiera sido su propio hermano

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