Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

¿Dónde está Rosita?

—Hola cariño, ya estoy en casa.
María dejó las llaves encima del cenicero de la mesita de la entrada, el bolso en la percha, junto con su chaqueta, y se dirigió hasta el salón, extrañada de no recibir contestación a su saludo.
Cuando llegó, vio a su marido sentado en el sofá, con la cabeza entre las manos.
—¿Que pasa? —Preguntó asustada.
—Lo siento mucho… —susurró su marido, en un hilillo de voz, haciendo un gran esfuerzo.
María, instintivamente, miró hacia la cunita que tenían en el salón. La cuna estaba vacía.
—Manolo, ¿qué ha pasado?¿Dónde está Rosita?
María se acercó a su marido, mientras formulaba la pregunta. Manolo, a su vez, mirándola con unos ojos llenos de culpa, se desplazó en el sofá, haciendo un espacio para que ella se sentara.
—Verás, estábamos aquí, en el sofá… la tenía en brazos, la pasé encima de las piernas… me miraba y me sonreía, con esos ojitos tan bonitos, con su carita rosada, sus muslos rollizos, esa barrigota tan gorda, esa piel tan suave, ese olor tan característico…
A medida que Manolo iba contando lo sucedido, su tristeza fue cambiando por ternura, y gesticulaba con las manos cada uno de los rasgos de Rosita que iba enumerando, emocionándose en los detalles.
El gesto de María también fue cambiando, mientras visualizaba sus rosados mofletes, tan suaves y redondeados; su graciosa papadita, que parecía un segundo cuello; sus bracitos moviéndose descoordinados, como si fuesen menejados por seres distintos.
—Estaba tan bonica que le empecé a besar por su carita, por su cuello, la papada… Y no lo pude resistir más, me dejé llevar por unos instintos que surgieron de dentro de mí y le pegué un bocado a uno de sus rosados y redondeados moflos.
En ese punto, María empezó a temerse lo peor. En numerosas ocasiones había oído a Manolo decirle a la niña que se la iba a comer, que estaba para comérsela, que el día menos pensado no podría resistirlo. Pero ella nunca le había dado importancia. Son las típicas cosas que se le dicen a los bebés, pero que nunca se cumplen.
—Me supo al pastel ese que hace tu madre, de base de galleta, crema pastelera, láminas de fresa y nata montada. El bocado más irresistible que había pegado nunca. Luego me comí su otro moflo, con un sabor tan exquisito como el primero. Mientras, ella me miraba y se reía… y ya me perdí a mi mismo. Seguí con su cuello y papada, que ni las mollejas fritas del pueblo; sus bracitos me supieron a las manitas de cerdo que pone mi madre en el cocido, de esas que se deshacen en la boca, que no hace falta ni masticarlas; seguí por su barriga, su barrigota, tan enorme, y con su sabor a callos madrileños… ¡si parecía que tuviesen chorizo y todo! Y que decir cuando llegué a sus muslos, con esos pliegues y repliegues, que con un sabor que ni el mejor cochinillo asado segoviano, una carne tierna, sabrosa, jugosa…
María lo miraba, sin saber qué decir. Miró a su alrededor, pero no vio ni rastro de Rosita.
—¿¡Pero es que te has comido hasta los huesos!?
—Pues claro María, ya sabes como disfruto con los cartílagos, tan crujientes en la boca…
—Manolo, eso no puede ser. Que la tuve nueve meses dentro y sabes lo mal que lo pasé el primer y tercer trimestre. Con lo que nos costó de criar los primeros meses… ¿y te la has comido?
Manolo la miraba de nuevo con tristeza, embargado por un gran sentimiento de culpa.
—Debes pensar que soy un mal padre…
A María se le deshizo el corazón:
—No, Manolo, no. No digas eso. Te has portado muy bien, has estado en todo momento conmigo y con tu hija. Es cierto que era muy bonita, que cada vez que te oía decir que te la comerías, no te tomaba en serio. —María estaba ya resignada—. Si es que la hicimos demasiado bonita, estaba demasiado hermosota, si es que cada vez que me la imagino, acabada de salir del baño, como se movían sus mollas mientras le aplicaba la cremita…
Los dos se miraron, se abrazaron, y prometieron que la próxima hija que tuviesen, no fuese tan bonita.

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3 pensamientos en “¿Dónde está Rosita?

  1. hay que ver, cómo pasa del terror más depravado al humor más sórdido y cotidiano. Enhorabuena!

  2. la mare que va!!!! espere que no vuigues menjarte a Leire…..

  3. ElAndres en dijo:

    Un relato muy truculento…. y a la vez sencillo. Creo que todos los padres hemos utilizado esa expresión en alguna ocasión, aunque nunca con idea de llevarla hasta sus últimas consecuencias. No es un mal relato, pero no es de los mejores que tienes. Un saludo nen.

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