Un café con Leire

Relatos, citas, reflexiones… y alguna cosa más

Nunca pasa nada

—No entiendo nada, Rodríguez.
El inspector Márquez miraba al preso desde detrás del cristal tintado en la sala de interrogatorios. Llevaba en la mano el expediente del chico y no le cabía en la cabeza cómo alguien con ese currículum y, al menos en apariencia, tan normal, podía haber matado al alcalde. Lo cierto es que, a pesar del aspecto que tenía después de que le propinaran una paliza, no le daba ninguna pena. Alguien que le quitaba la vida a otra persona, siendo plenamente consciente de ello, merecía pasarse el resto de su vida en la cárcel.
Miró al agente Rodríguez, que observaba indiferente a través del cristal, mientras daba pequeños sorbos a su taza de té, con la mirada en otro mundo.
El inspector Márquez hizo un tubo con el dossier y se dirigió hacia la puerta, para después entrar en la sala de interrogatorios. Halló al chico en la misma posición que había adoptado desde que se sentó: las manos encima de la mesa y la mirada baja.
—Buenas tardes —dijo—. Soy el inspector Gregorio Márquez.
Se sentó en la silla enfrente del chico. Éste levantó la cabeza y asintió levemente, en señal de saludo. Lo miró con su ojo bueno, lleno de tristeza. El otro estaba morado e hinchado. El inspector lo observó con una indiferencia ensayada y abrió su dossier, pasó algunas hojas, y se detuvo al llegar al currículum.
—Joder chaval, no entiendo por qué te has jodido la vida de esta manera. —Hizo un pausa, esperando a que el joven dijese algo, pero continuó tras comprobar que no tenía muchas ganas de hablar—. ¿Se puede saber que se te ha pasado por la cabeza?
Pero el chaval no respondió. Volvió a bajar la cabeza. El inspector se dio cuenta de que debía captar su atención para poder sacar algo de información.
—Licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, con buenas notas, trabajando, que no es poco, en el bufete de abogados Badía&Ronda—hizo otra breve pausa—, muchos amigos, todos han hablado bien de ti; sin contactos registrados con grupos radicales, aunque esta información tardará un tiempo en verificarse… No sé chico, no lo entiendo. ¿Por qué?
El joven volvió a levantar la cabeza, pero esta vez no había tristeza en sus ojos, sino rabia contenida.
—¿Es que no lee los periódicos?
El inspector se quedó sin saber qué responder. En los periódicos se daban muchas noticias, y casi todas malas.
—Bueno, en los periódicos se habla de muchas cosas. ¿A qué te refieres exactamente?
El joven dibujó una media sonrisa, casi irónica, en la mitad del rostro que tenía menos perjudicada.
—¿Y usted es inspector?
Márquez tuvo que tragársela, dejar que el chaval se fuese creciendo, para que se sintiese dominador de la situación. De esa manera lograba que los presos se abstrajesen de dónde se encontraban y hablasen, muchas veces, más de la cuenta.
—Soy inspector, pero no adivino. Has asesinado a sangre fría a un hombre. —Se echó hacia atrás en la silla mientras hacía una pausa—. Dos tiros en el pecho y uno en la cabeza, una vez estaba caído, para asegurarte de que moría.
Buscó alguna reacción en las facciones del joven y la encontró. Su rostro había vuelto al mismo estado en que lo encontró: tristeza.
—Eso según la versión de los testigos —continuó, para dar pie al chico a que explicase su versión de los hechos. Pero no reaccionó—. Vamos chico, ¿qué te hizo el alcalde para que lo asesinaras?
El joven volvió a levantar la cabeza, cambiada su mueca, como si quisiese cortar en dos al inspector con la mirada.
—Ahí está el problema, que nos hemos vuelto tan individualistas, que ya no se concibe que alguien haga algo por los demás sin esperar nada a cambio.
«Vaya, tenemos a otro loco que se cree que ha liberado al mundo de un gran mal», pensó el inspector.
—¿No sé dónde ves tú el hacer algo por los demás en cargarte al alcalde? Sí, no era trigo limpio, pero matarlo es excesivo. ¿Crees que merecía morir?
Hubo unos segundos de silencio, mientras el joven relajaba sus facciones.
—No, no creo que mereciese morir.
—¿No crees que mereciese morir y aún así lo has matado? Estoy más confundido que al principio.
El inspector Márquez jugó bien su papel. El hacerse el tonto, no entender el crimen, hacía que los criminales se sintiesen superiores y aparecía en ellos una imperiosa necesidad de explicar al policía tonto la brillantez de su crimen, justificar sus razones con la lógica del demente o psicópata, la cúspide para el criminal y la insensatez para el resto de la humanidad.
—Sí. Es duro, muy duro lo que he hecho y para muchos injustificable, —«Ahora viene el pero», adivinó el inspector— pero por fin ha pasado algo.
—¿Cómo dices? —esta vez, el inspector no entendía muy bien la relación.
—Sí, por fin ha pasado algo. Ese tipo ha estado mamoneando durante más de doce años en el ayuntamiento, gestionando el dinero público para sus propias empresas o empresas amigas que, cuando dejara la alcaldía, le tendrían reservado un puesto como directivo. Ha dejado las arcas con un endeudamiento tal, que necesitaremos subidas de impuestos que pagaremos todos, durante muchos años, para poder hacerle frente. Ha realizado grandes proyectos que han costado millonadas, con sobrecostes, que sólo han aportado imagen a la ciudad y ha dejado de lado a los ciudadanos y sus necesidades. Ha colocado a amigos y familiares en puestos de gestión con sueldos desorbitados, y el resto del partido se lo ha permitido porque también les ha subido el sueldo, las dietas y complementos. Ha aprobado un plan de pensiones privado para todos los aforados que se pagará con el dinero de todos, aunque dejen su sillón. Ha permitido que sus amigotes y miembros del partido llevaran a la quiebra a la empresa municipal de transportes, creando un agujero de veinticinco millones de euros. Se ha relacionado con una trama corrupta a nivel nacional, a los que les ha otorgado contratos millonarios y adjudicaciones insólitas… ¿Dónde se ha visto que una empresa constructora se lleve un concurso de tres millones de euros para la organización de unos campeonatos de atletismo, que luego ni se celebraron, pero sí se pagaron? ¿Y sabe qué de todo esto? Nada. La gente diciendo «yo es que paso de la política». Idos a la mierda todos, joder. Os roban en vuestras narices, y no hacéis nada…
El inspector se había quedado callado, dejando que el chico se desahogara. Lo cierto es que el alcalde era un tipo bastante turbio. Él mismo conocía varias cosas que el chaval no había nombrado.
—Bueno, como bien sabrás, estamos en un estado de derecho. Se le juzgó y se le absolvió. Esas son las reglas del juego.
—Y una mierda. Joder, lo juzgó un juez con el que iba a jugar al pádel los sábados antes de que abriesen la causa contra él. Eran amigos. Y lo peor de todo es que el sistema permitió que eso ocurriese. Y no sólo eso, es que las grabaciones en las que se probaban muchas de las causas por las que se le acusaba, las declararon ilegales. Y ahora resulta que la fiscalía no va a recurrir. Vaya, qué casualidad que el fiscal jefe fuese colocado ahí por el fiscal general del estado, que ha sido colocado a su vez por el mismo partido político que el alcalde.
—Y has decidido tomarte la justicia por tu mano, y matarlo.
El joven negó con la cabeza.
—No, yo no he hecho justicia. Su muerte es un precio muy elevado por todo lo que ha hecho. Justicia hubiese sido que lo apartasen del partido, que lo inhabilitaran de por vida para cualquier cargo público, que fuese obligado a pagar todo lo que ha robado o malversado, que se le embargaran a su mujer e hijos aquellos bienes que no pudiesen demostrar que han pagado de su propio bolsillo… Porque esa es otra, ¿cómo se puede tener la cara tan dura, cómo nos puede tratar de imbéciles a los ciudadanos, presentando una declaración de bienes de una hipoteca de setenta y cinco mil euros, un coche de doce años, y dos mil quinientos euros en el banco? ¿Se puede saber qué coño hace con los setenta y dos mil euros anuales que cobra? ¿Se los bebe? ¿Los usa para encender el fuego cuando va a hacer una paella los domingos?
Hizo una pausa para respirar, y continuó a la carga.
—Abro los periódicos, y leo todos los días varias páginas de noticias de casos de corrupción. Que si el alcalde de tal recalificó unos terrenos que previamente había comprado un testaferro y que se embolsó cerca de tres millones de euros. Que si el presidente de tal comunidad ha repartido doscientos cincuenta millones de euros de fondos europeos de forma irregular, entre empresas de familiares, empresas afines al partido e incluso de la oposición, para mantenerlos callados. Que si el ministro de fomento adjudicó de manera irregular concursos de varios tramos del AVE a empresas relacionadas con otra trama corrupta, que están investigando todavía… Joder, la prensa está llena de casos, y no he leído ni una sola vez que condenen a nadie… Incluso hay muchos que ni siquiera dimiten de sus cargos.
»El sistema está podrido. Qué se puede esperar de alguien, no ya alguien, de un partido entero, en el que a uno de sus miembros se le caza en una grabación ilegal, admitiendo, palabras textuales «yo me he metido en política para forrarme», y no sólo no lo fulminan y lo expulsan de inmediato, sino que le dan la dirección del canal de la televisión autonómica, porque su carrera política había quedado dinamitada. No me jodas, ¿su carrera política? ¿Y van los cabrones y le dan un cargo desde donde poder forrarse y forrar a los que lo han puesto ahí, con la ventaja de que ese cargo no es visible?
»Las cúpulas están corruptas. El que está en el poder quiere permanecer en él. Y el corrupto no deja subir a nadie que no sea corruptible, así se aseguran de que nadie les denunciará, porque también estará pringao. Si el subsecretario de infraestructuras es una manzana podrida, se rodeará de manzanas podridas, de modo que, al mismo tiempo que unta a los demás, se asegura de que en el futuro no cantarán y se dedicarán a proteger sus respectivos culos. Y cuando se encuentren a alguien que no se deje untar, lo mandarán bien lejos o se las apañarán para aislarlo. Porque probar ese tipo de cosas es muy difícil y mucha gente se ha metido en política para sacar pasta y vivir del cuento. Y luego te encuentras al típico amigo que te dice «¿acaso tú no harías lo mismo si pudieses?». Pues no, no lo haría, pero está claro que tú sí. Y de esa manera nos hacemos impermeables a todos los escándalos, lo tomamos como algo normal, algo que no se puede evitar. Claro que se puede evitar, lo que hace falta es voluntad para hacerlo. Y —Su tono cambió a apesadumbrado— complicarse la vida en algunas ocasiones.
Hacía ya un tiempo que el inspector Márquez se había dejado llevar por sus propios pensamientos. Recordó cómo hacía algunos años se indignaba profundamente al detener a delincuentes, los cuales, mientras él hacía el informe, ya estaban saliendo por la puerta principal; cómo se perdían los resguardos de las multas a los políticos de turno tras hablar con sus superiores; cómo el intendente usaba el coche oficial como si fuese suyo y otorgaba escoltas policiales para algún político cuando no era necesario ni estaba reglamentado; cómo ese mismo intendente pasaba por el cuartel un par de horas al día, dedicando más tiempo a otros quehaceres que a su trabajo, cargándose a los más críticos y colocando a los que le lamían el culo que, además, se comportaban como él; cómo algunas voces se habían levantado, pero quedaron en eso, en nada; cómo muchos de sus compañeros le recomendaron no meterse en líos, que se dedicara a hacer su trabajo y punto, y cómo les hizo caso; cómo, al final y al igual que el resto, se cubrió con el impermeable de «eso es lo normal» y acabó aceptándolo como parte de su trabajo, como parte de la oficina, como algo que debe formar parte del sistema. Se había dejado llevar por la comodidad, y no había hecho nada.
—¿Sabe, inspector? A mi padre le costó mucho enseñarme que las personas deben ser consecuentes con sus actos. Pero lo aprendí. A diferencia de la mentalidad reinante actualmente, maté al alcalde sabiendo cuáles iban a ser las consecuencias de mis actos y las acepté. ¿A cuántos políticos conoce que hayan aceptado las consecuencias de sus corruptelas?
»El sistema ha dejado de funcionar. Los abogados deberían tener la obligación de denunciar a sus clientes si saben que son culpables. Al final, ¿esto de qué se trata? ¿Sabe, en mis dos años de trabajo como abogado, a cuánta gente he defendido? A unas trescientas personas. ¿Y sabe cuántas eran inocentes o tenían razón? Apenas una treintena. ¿Sabe lo difícil que se me hizo defender a alguien, y conseguir su absolución por un defecto en la forma porque el funcionario de turno no ha hecho bien su trabajo, sabiendo que es culpable, pero no pudiendo faltar a mi profesionalidad?
Por desgracia, el inspector sí lo sabía.
—Al final, las cúpulas de los estamentos se van corrompiendo con el tiempo, y tiene que ocurrir algo para que eso cambie. ¿Sabe usted algo de historia?
El inspector miraba fijamente al joven, pero estaba viendo a través de él. No contestó a su pregunta.
—¿Recuerda la revolución francesa, aunque sólo sea por encima? Tras cientos de años de monarquía, se había convertido en algo irreal. Vivían en otro mundo, despegados de lo que les rodeaba. Habían creado su propia realidad, lleno de abundancia, lujo, dinero y poder. Mientras, el pueblo moría de hambre en las calles. Al final, la gente se sublevó y, no solo eso, sino que el mismo ejército acabó apoyando esa sublevación. Los tiempos han cambiado. Ahora no nos llevan al extremo de dejarnos morir de hambre, porque saben lo que eso significa. Se ha perfeccionado el método. Ahora nos han encadenado al consumo, nos permiten endeudarnos hasta el límite, para así tenernos cogidos por los huevos. Todos tenemos mucho que perder, ¿verdad? Una casa, un coche, un trabajo… no podernos ir de viaje un par de veces al año, tener un señor coche y un pisito en Benidorm. No estamos dispuestos a perder nada para así mejorar nuestro alrededor. Por eso le hablaba del individualismo al principio. Ya no buscamos el bien común, de la comunidad, de nuestro entorno. Ahora sólo nos preocupamos de nosotros. Y muchas veces ni conocemos al vecino de enfrente y, si podemos, evitamos encontrarnos con él. ¿Qué me importan los demás, no?
»Pues sí. Sí me importan los demás. Y me importo yo. Pero tras mucho indignarme, tras hacerme mucha mala sangre, sólo vi dos posibilidades: o vestirme con el impermeable de «paso de todo y voy a la mía» que tanto he criticado, o «hacer» algo. Decidí hacer algo, que siempre tiene consecuencias. Y tras varias semanas de pensar qué podía hacer, de ir descartando todas y cada una de las ideas porque no iban a cambiar nada, me decidí por la única que tal vez pudiese cambiar algo. Sabiendo el dolor que iba a causar a personas que no tenían nada que ver y sintiéndome mal por ello.
»¿Y sabe qué? Que todo esto que le estoy contando está colgado en youtube. Estoy seguro de que no saldrá en ningún medio de comunicación generalista, porque este tipo de pensamientos es muy peligroso. ¿Qué pasaría si parte de la sociedad anestesiada en la que vivimos “despertara” de esta manera…? Sería un caos total. Además, vivimos en una sociedad en la que toda reivindicación en la que se use la violencia queda deslegitimizada. Puede que me haya jodido la vida, como bien ha dicho usted. Puede que esto se quede como un asesinato perpetrado por un extremista de la ideología contraria. De hecho, estoy seguro de que ahora mismo están convirtiendo este asesinato en una cuestión ideológica, cuando nada tiene que ver con eso. Pero es una forma de simplificar el asunto y que la masa social «que pasa de la política», esa que dice «yo no oigo las noticias porque todo son cosas malas» siga con su vida aislada y no reaccione, que siga con su miedo a perder algo por mojarse en asuntos que no le incumben.
»Pero yo no me he jodido la vida por esas personas, me la he jodido por aquellas que creen que un mundo mejor es posible y por aquellos a los que tantas veces he oído indignarse porque nunca pasa nada. Y fíjese, que seguramente solo pase doce años en prisión.
»Al final, ha pasado algo. Y seré tachado de loco, perturbado, radical, de suceso aislado. Pero usted sabe, como buen investigador que es, todo lo que he dejado atrás al cometer este acto. No quiero su compasión ni nada suyo, sólo que se divulguen las razones por las que lo he hecho. Luego veremos si cambia algo o no.
El inspector Márquez estaba completamente desbordado. El chaval le había hecho revivir recuerdos y sentimientos que había enterrado muy profundamente para poder llevar una vida tranquila, sólo con los sobresaltos que te puede dar el ser inspector de la policía, que no son pocos. Estaba intentando saber cuál era su estado de ánimo exactamente, porque se encontraba como si le hubiesen dado una paliza mayor que a aquel chaval.
Todavía no había terminado de centrarse de nuevo en la razón por la que estaba allí, cuando se abrió la puerta y el agente Rodríguez asomó la cabeza.
—Inspector, el capitán quiere verle.
Tardó un poco en reaccionar. Miró de nuevo al chaval, y éste se miraba de nuevo las manos, había vuelto a su mundo. Se levantó y se dirigió hacia la puerta, sin estar seguro de si todo lo que acababa de ocurrir había sido una alucinación o era real. Al cerrar tras de sí, el agente Rodríguez le dijo:
—Menudo zumbao. Joder como está el patio.
El inspector lo miró fijamente, y vio en sus ojos el reflejo de alguien que se había sacado la oposición, y que estaba esperando salir del trabajo para ir a jugar al fútbol con los amiguetes y luego tomarse unas cervezas. Vio el reflejo de la sociedad que ya conocía.
Con cierto pesar, se dijo para sí mismo: «al final, esto quedará en nada».
Al oírse decir eso, mientras se dirigía al despacho del capitán, se produjo una chispa en su cerebro, que fue prendiendo, y acabó convirtiéndose en una pira.
Sacó el arma de su funda, comprobó que tenía munición, y decidió dirigirse a otro lado.

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22 pensamientos en “Nunca pasa nada

  1. Este relato no pretende incitar a la violencia, ni mucho menos. Lo que intenta es hacer reflexionar al lector sobre cualquiera de los puntos que trata, poniendo el asesinato como extremo máximo para captar la atención. Este relato solo pretende incitar al lector a reflexionar, y si decide hacer algo o no, que sea una vez se lo haya planteado y no porque ha pasado por la vida sin darse cuenta.

  2. Jose Vicente en dijo:

    que quiere usted decir, que cojamos una pistola?:). yo con ir a las manifestaciones creo que ya estoy haciendo algo. A mi se me ocurrió un día, en crear una cuenta bancaria en internet para recoger fondos y contratar un sicario pofesioná. No se, algo así como que pagarías por ejecutar a rajoy, o a camps, con su botóncito de “Donar”, de paypal y ofrecer esa suma al que quiera joderse la vida por nosotros, tipo Brad pitt y Angelina Jolie en “Sr. y Sra. Smith”

  3. Me parece que simplifica el fin de justicia que persigue, puesto que no podemos tomarnosla de nuestra mano.

  4. Lo primero, felicitarte (porque es una maravilla). Me ha gustado muchísimo. Me ha provocado un montón de sentimientos enfrentados de rabia y lástima (que imagino que es lo que buscabas sacando este tema a la palestra, jeje). Y, lo mejor de todo, ¿para cuándo el siguiente capítulo?

  5. Carlos Infantes en dijo:

    Me ha gustado, el principio con la técnica del personaje misterioso, a lo Dan Brown 🙂 Capta la atención del lector.

    Respecto a la historia, no se si pretende ser un llamamiento a la sublevación. Tengo mi dudas. Desde mi punto de vista le sobran datos concretos o hechos reales, que podrían ser reemplazados por símiles sutilmente, por un simple motivo, y es que la mayoría de la gente ve estos casos y todas estas manifestaciones como una guerra izquierda vs derecha, cuando la guerra debería ser pueblo llano vs gobernantes corruptos, da igual la alineación. Hasta que eso no se solucione las manifestaciones de unos, las desacreditarán los otros.

    El relato me ha recordado dos cosas, una es a la película “Los elegidos”, dos hermanos justicieros que hacen lo que mucha gente querría/debería hacer, pero están tan alienados que no se lo plantean.
    Lo segundo que me ha recordado es un diálogo de Carlos Almeida, en el que habla del contrapeso del poder. Según esa teoría, si tu tienes mucho poder, y por ende mucha facilidad para robar y no ser pillado, tu pena en caso de que te pillaran debería ser mucho más alta que la de cualquier persona menos poderosa y con menos facilidad para robar. Sería un primer paso para que la balanza de la justicia pesara igual para todo el mundo, y no habría que recurrir a la sublevación.

    Felicidades por el blog 🙂

    • Coincido con lo que comentas de hechos reales-concretos con símiles. He intentado mezclar casos reales con inventados, y casos de pp y psoe, pero los que más conozco son mayoritariamente del pp (por vivir donde vivo). Pero es que hay algunos casos que deben ser contados tal cual, sin miramiento ninguno (como lo de “yo me he metido en política para forrarme”)

    • Ya he visto la película de “los elegidos”. Sí, lo cierto es que tiene bastantes cosas en común.

  6. Tu fan incondicional en dijo:

    ¡Pedazo de escritor que tengo como marido!
    Me ha gustado mucho ver como se refleja en el relato la integridad y honestidad que te caracteriza y notar algunas pinceladas de momentos vividos juntos y conversaciones nuestras. Peeero… ya sabes lo que pienso de los finales abiertos… 😛
    Enhorabuena!!!

  7. Chapeau! bien escrito, provocador y hace reflexionar. ¿se puede pedir más? Pues sí, que hagas sigas escribiendo!.

  8. M`agradat molt!!! quant acabes de llegir-lo et fa pensar….no sabía jo ixa faceta teua…..

  9. Muy buen relato.
    Comprendo la impotencia, rabia, desesperación e incomprensión por las cosas que están ocurriendo, pero considero que hay otros caminos. Algunas formas de manifestarse no llevan a ninguna parte, porque como bien se sabe los que están en el poder tienen sus mecanismos para finalmente manipular la información a su antojo. En mi humilde opinión el camino está en empujarlos hacía la transparencia (un alumno sólo copia si el profesor no le está mirando). Es más sencillo llevarles hacia el politiqueo y gestion con un sistema en el que se sientan observados por aquellos que los sostienen, ya que el ser humano fundamentalmente intenta engañar cuando piensa que no le ven.

    Un abraç chori!

  10. En cuanto al relato, la premisa básica es muy buena, pero es demasiado largo. Para que no pierda efectividad tendrías que reducirlo a una cuarta parte, o menos. Un relato debe ser como un puñetazo en la tripa, rápido y doloroso.

  11. Interesante punto de vista.
    Y reflejo de una sensación que tenemos muchos.
    Curiosamente, el título coincide casi totalmente con una frase que digo a veces a los amigos cuando hablamos de estas cosas.
    “Como nunca pasa nada, nunca pasa nada”.
    Porque creo que eso es lo que alienta en algunos políticos la sensación de que pueden hacer lo que quieran.
    Y es que esa consciencia de impunidad en el futuro no actúa como limitadora en el presente a la hora de cometer tropelías, absurdos o delitos.
    Porque como saben que nunca va a pasarles nada, no se reprimen pensando en que algo puede ocurrirles.
    Y hacen lo que quieren.

    • Efectivamente, esa sensación de impunidad (y más que sensación, es casi un hecho), hace que estas cosas ocurran. El problema es que las leyes que se podrían hacer para intentar acotar más todavía la corrupción, las tienen que hacer los mismos que están metidos en ello.
      Me parecería interesante hacer como en Islandia, que veinte ciudadanos están redactando la nueva constitución. Pues aquí lo que se debería de hacer el que un grupo de ciudadanos hiciesen las leyes que regulan a políticos, ya que ellos mismos no van a aprobar leyes que les perjudiquen.

  12. ¡Hola Celembor!

    Me ha gustado mucho tu relato.
    ¡¡Real como la vida misma!!
    Desde hace mucho he pensado que esto pasará algún día, y tranquilo que no será por tu relato… Ni siquiera como un acto reflexivo como el del protagonista , sino ante la desesperación de una personas que no tiene mucho que perder porque siente que ya lo ha perdido todo…
    Como ejemplo está en Chiclana de la frontera (una de las localidades gaditanas con mayores irregularidades urbanísticas de España) la creación del PVRE, que es el partido vecinal regionalista que se ha creado con el único fin de regularizar de forma justa y sin abusos desproporcionados y surrealistas las miles de viviendas que durante 25 años se urbanizaron sin que nadie hiciera nada, mirando TODOS los políticos hacia otro lado, y de repente de un día a otro pretendían arreglarlo con demoliciones, multas impagables en varias generaciones, y costes de urbanización inflados de forma descarada.…
    Casas teóricamente “ilegales” entre otras cosas porque el PGOU ha sido anulado y las degrada de legales a ilegales, eso si.. pagando un IBI de 900 euros anuales, sin poder poner un solo ladrillo y un largo etc que no viene ahora al caso, pero que ha llevado a tanta gente a la desesperación que en más de una reunión de asociación de vecinos (y que conste que es de las más civilizadas que he conocido) se ha comentado la potencialidad de tu relato… Y antes de que al fin le dieran la gestión de urbanismo a este partido (hace nada) se podían escuchar los comentarios que bien podrían representar la escena que nos muestras.
    Este partido se creó firmando ante notario una serie de condiciones de honradez y transparencia que si no se cumplían derivaban en la disolución automática del partido.. así ha sido hasta ahora, y esperemos que no se corrompa, al fin y al cabo somos “vecinos” con un interés común en el área de gestión como único objetivo (aunque imagino a costa de ceder y sacrificarse en otros terrenos, pero esto clama al cielo)

    Ojalá se pudiera hacer como Islandia, pero por desgracia la gestión de un Pais con 44 millones de personas no tiene nada que ver con uno que no llega al medio millón.
    Y no digo que no se pueda hacer nada… al contrario, el primer paso es empezar, y movimientos como el 15 M, aunque insuficientes por su falta de organización y demás carencias, son un buen comienzo para abrir los ojos y al menos tener la sensación de que se puede hacer algo si nos unimos y nos lo proponemos… pero hay que estar más preparado y tener un buen método y una buena estrategia antes de actuar…

    El movimiento se demuestra andando, y lo importante en estos casos es que nos dirijamos en la misma dirección…

    Saludos
    Silvia

    Pd: hoy me acuesto “cabreada”, pero no acojonada jajajjaja

    • Si, lo que comentas también se ha hecho en Torrelodones, con excelentes resultados por lo que parece. Como el ejemplo islandés, parece que estas cosas solo se pueden llevar a cabo en pequeños grupos, pero sin duda es una forma de empezar y como bien apuntas, el movimiento se demuestra andando. Hay mucho margen para HACER, antes de llegar al extremo.
      Gracias por compartir tu opinión.

  13. Calembor, tu relato es excelente. Te engancha desde la primera sílaba y te deja muy tranquilo cuando acaba porque entiendes que la rabia se ha contagiado al fin, y que al fin sí que va a pasar algo, y gordo.
    Sería genial poderte conocer en persona.
    Abrazo.

  14. ¡Realmente IMPRESIONANTE!

    Es lo mejor que he leído en muchísimo tiempo.

    ¡Ojalá la sociedad despertase y dejara de ser masa aborregada y adormecida!

    Salud.

  15. Pingback: Blog “Un café con Leire” | Jordi de Groot Ferrando

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